Villalta lanza candidatura, pero está dispuesto a apoyar a otro en una coalición
El diputado del Frente Amplio, José María Villalta, quien presentó este jueves su precandidatura, está dispuesto a apoyar otro candidato dentro de una coalición.
Según Villlata, él aceptaría ser el candidato de una coalición si hay un consenso, pero él respaldaría a una figura que genera mayor consenso.
De acuerdo con Villalta, la primera opción del Frente Amplio es la conformación de una coalición.
La Coalición Viva, movimiento promovido por el empresario Mariano Figueres para la elecciones del 2014, anunció ayer los cinco partidos políticos a los que desea aglutinar en su movimiento, en los que se mencionó el Frente Amplio. (Ver nota)
El diputado indicó que si la Asamblea Nacional del Frente Amplio lo ratifica como candidato presidencia el próximo 9 de marzo, él estará tomando las riendas de las relaciones con la coalición.
José María Villalta anunció este jueves su precanditura en el Parque Nacional, donde también habló de propuestas. Algunas de ellas son:
- Reducir el salario del Presidente de la República y los ministros en un 50%, a los presidentes ejecutivos de instituciones públicas un 25%.
- Que no exista inmunidad para delitos de corrupción.
- No al tope de la Cesantía.
- Licencia de maternidad de 6 meses.
- Regular los precios de las medicinas.
- Derogar la ley de concesiones.
- Prohibición de productos transgénicos.
- Ley de autonomía indígena.
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Pero por dios, quien ha engañado a este sujeto .?. Lo único en lo que ha destacado es en hacer polémica en la asamblea. Creé que hacer política es alzar la voz. Sólo oírlo hablar choca. Cero política, es un politiquero que quiere jugar de rudo llevando siempre la contraria al gobierno pero con argumentos burdos. Muestra de ello es cuando públicamente denunció a Oscar Arias un hecho, que en realidad tenía que ver con un funcionario de la zona sur que tiene el mismo nombre del expresidente. Claro, irresponsablemente no verificó la información, pesaba más su afán de atacar la figura del expresidente, ese es su estilo. Y ahora se cree con capacidad moral para venir a pedir votos.
Políticos sin proyectos concretos, ni un norte claro.
En un reciente debate entre algunos candidatos presidenciales para las próximas elecciones, la ciudadanía que siguió las exposiciones habrá tenido plena confirmación de que el discurso de nuestros políticos continúa siendo el mismo de siempre: reiteración de vaguedades, lugares comunes, ambigüedades, frases hechas y conceptos generales, imprecisos o vacíos de contenido. En verdad, lo que les sucede es que no tienen idea de qué van a hacer cuando gobiernen, de cómo van a encarar los principales problemas sociales, económicos, culturales; divagan porque carecen de proyectos concretos, con cifras reales, con cronogramas de ejecución. La gran idea que nuestros políticos fijan en sus mensajes al electorado gira en torno a un símbolo central: el poder.
La ciudadanía que siguió las exposiciones habrá tenido plena confirmación de que el discurso de nuestros políticos continúa siendo el mismo de siempre: reiteración de vaguedades, lugares comunes, ambigüedades, frases hechas y conceptos generales, imprecisos o vacíos de contenido.
Véanse algunas de sus frases y afirmaciones preferidas: “es tiempo de modificar el concepto de Estado”, “se requiere mayor inversión social”, “propiciamos un mayor entendimiento entre el sector público y privado”, “apostamos al país de la honestidad, del trabajo en equipo”, “encontrar las condiciones para crear fuentes de trabajo para superar la pobreza”, “gestión transparente”, “establecer impuestos que no perjudiquen la producción y el desarrollo”, “hablar con todos los sectores, establecer un pacto social y empresarial”, “incorporar al país a todos los mercados”,” Vamos hacer” “Estamos haciendo” Haremos que los¨ “ ricos paguen como ricos” etc., etc.
Con estos “planes”, nuestros políticos vienen manejando este país desde hace décadas. En verdad, lo que les sucede es que no tienen idea de qué van a hacer cuando gobiernen, de cómo van a encarar los principales problemas sociales, empleo, salud, educación, económicos y culturales; divagan porque carecen de proyectos concretos, con cifras reales, con cronogramas de ejecución, con los nombres y méritos de las personas a las que van a encargar llevar sus proyectos a la práctica.
¿Cuáles son las medidas que van a tomar contra la corrupción en el funcionariado público, en la justicia, instituciones, en la Policía, en las aduanas? Hubieran podido enumerar siquiera uno o dos, si es que había problemas de tiempo para exposiciones exhaustivas.
¿Cuáles acciones económicas específicas tomarán “para crear fuentes de trabajo para superar la pobreza”? Se podrían haber mencionado algunas. ¿Y cuáles serían los impuestos “que no perjudiquen, los asalariados, la producción y el desarrollo” que crearían o incrementarían? Es bastante fácil enumerarlos, si es que ya conocen bien la problemática.
Y así sucesivamente, se podrían ir formulando varias interrogantes a cada vaguedad que los políticos lanzan en sus discursos. Y conste que estas manifestaciones son las más preparadas y pulidas, porque saben que serán muy divulgadas por los medios de prensa; el nivel de credibilidad que han de tener los discursos que pronuncian en sus mítines y concentraciones proselitistas es todavía mucho mayor.
La gran idea que nuestros políticos fijan en sus mensajes al electorado gira en torno a un símbolo central: el poder. Conquistar el mando, el gobierno, es la acción que cada candidato señala a sus respectivos adherentes como el que los conducirá a la meta suprema. Exclaman unos; “vamos a seguir”, dicen otros; “mandando”; “por mucho tiempo”, etc., etc. Estas expresiones son las que real y verdaderamente constituyen el “plan de gobierno” de nuestros políticos y de los partidos a los que representan. Lo demás, para ellos, son asuntos secundarios y posteriores.
Es natural que, en estas condiciones, los que ganan las elecciones y asumen la suprema función de administrar el poder legítimo del Estado pierdan en forma lastimosa sus primeros años en aprendizajes y estudios de situación, improvisando y equivocándose, o postergando eternamente iniciativas que no saben cómo encararlas ni por dónde iniciarlas…, hasta que llega el fin de su período, que es cuando comienzan a pensar cómo continuar, cómo hacerse reelegir, cómo permanecer de cualquier manera… tal cual se quiere hacer con cambios a la ley ahora.
En lo que estos políticos no vacilan un ápice, lo que ninguno ignora, la parte que parecen conocer a la perfección aun antes de tener en sus manos el mando del Gobierno, es cómo aprovechar mejor los privilegios y ventajas del poder. En esta materia todos ellos son mejores alumnos, expertos y conocedores de los mínimos detalles. Saben al dedillo, aun antes de asumir, cómo funcionan los “gastos reservados” y los “gastos de representación”, cuánto suman los viáticos y cómo se los obtiene, qué hay que hacer para manejar licitaciones y concursos, administrar comisiones y venta de influencias, cómo y con quiénes hacer lobby, cómo disfrazar malversaciones y robos en las obras públicas, y toda esa larga lista de recursos de que disponen los políticos una vez instalados en los organismos e instituciones del Estado y que nos exhiben todos los días.
Lo que difícilmente van a aprender, porque ni siquiera muestran tener interés en averiguarlo, es precisamente lo que a boca llena prometen en sus discursos proselitistas. No saben ni sabrán cómo “crear fuentes de trabajo para superar la pobreza”, ni por dónde comenzar para convertirnos en “el país de la honestidad”, ni a quiénes se van a convocar y qué es lo que se va a proponer pactar en el “pacto social y empresarial”, ni cómo define cada uno la famosa “mayor inversión social” y sobre la espalda de quiénes va a cargarse la tal inversión. En fin, proseguir con estos ejemplos sería larguísimo y extenuante.
Asistimos, lamentablemente, a otra campaña electoral vacía de ideas, de proyectos y de objetivos de valor real para el país. Los candidatos en carrera se preparan para ganar las elecciones y tomar la dirección de sus cargos, de sus organismos, del poder político en todas sus formas y variedades. Esto y nada más. Una vez que lo logren, recién entonces, a lo mejor, comenzarán a pensar qué hacer con los problemas más acuciantes del país.
Es bueno que la ciudadanía lo sepa ver y apreciar. Su voto valdrá mucho más si tiene plena conciencia de esta realidad.