#EMPODERADAS

Trabajos que "cambiaron" de género

15.6%

de Mujeres en trabajos tradicionalmente realizados por hombres

29.3%

de Hombres en trabajos tradicionalmente realizados por mujeres
Fuente: INEC, Encuesta Nacional de Hogares

Una mujer entre 22 hombres

El entrenador de la sub-20 de Canadá se niega a jugar. Molesto e indignado se opone a que una mujer sea la árbitra del partido.

Detenido el juego, una aficionada aprovecha el silencio en la cancha y le grita a la silbatera: “Andá barré mejor, quién te mete acá, mejor vaya lave trastos”.

7 de cada diez mujeres ha sufrido chistes sexistas o miradas insinuantes en su lugar de trabajo o estudio.Fuente: Estado de los derechos de la mujer, INAMU

Un jugador, consciente de que el juego se pone tenso y caliente, le dice a la árbitra: “Usted tranquila, que nadie se va a meter con usted, yo la protejo”.

En redes sociales, los aficionados reciben con sorna la noticia de que una mujer pitará por primera vez desde el 2006 un partido de primera división. “A ver si aguanta los 90 minutos”, “las mujeres deberían pitar solo partidos de mujeres”, son algunos de los comentarios de la gradería virtual.

Dos compañeros de la academia de árbitros hacen la apuesta de que ella no aguantará ni dos semanas antes de soltar la toalla y rendirse.

La árbitra Marianela Araya Cruz no se rindió. Ella, el 8 de enero de este año, se convirtió en la primera mujer en casi once años en dirigir un juego de la primera división del fútbol costarricense.

Cuando cursaba el colegio, en su natal barrio San José de Alajuela no había equipos deportivos de mujeres, a ellas nos las dejaban jugar fútbol ni siquiera en la clases de educación física. “Ponían a jugar a los varones y a nosotras a verlo”, narra la réferi, quien asegura que le pidió cuentas a la profesora de la materia, pero que esta la ignoró.

arbitra

¿Por qué no hay mujeres en el fútbol?, se preguntó Araya. Repasó la liga española, la mexicana y de otros países y en ninguna se asomaba una mujer árbitra. Entonces se decidió.

-“Voy a ser árbitra”, le dijo a su padre cuando tenía 15 años.
-“¿Estás segura?”, respondió don Rogelio.

La entonces adolescente reafirmó su deseo. El padre no solo la apoyó en su plan, sino que hasta le ayudó a buscar un lugar donde recibir formación.

Doce años después, Marianela cuenta orgullosa con varios reconocimiento a su testarudez y visión: es gafete FIFA y ha participado en dos campeonatos mundiales menores y actualmente se prepara para el tercero, así como espera lograr pitar en las próximas olimpiadas.

A sus 27 años, esta vecina de Alajuela y profesora de contabilidad en un colegio de Naranjo, está acostumbrada a ser la única mujer entre las 23 personas que están dentro del rectángulo de juego. Está acostumbrada a romper moldes y a cuestionar todas esas imposiciones sociales que dictan que la mujer “no puede”, que la mujer “no debe”.

Según el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INEC) , para el 2015 de cada 100 ocupaciones histórica y socialmente desarrolladas por hombres, 13 son desempeñadas por una mujer.

“Yo no soy de esas personas que no se conforman con un ‘no’, que requieren que le expliquen ese ‘no’ con argumentos válidos. Yo veía que en el fútbol no había mujeres árbitras y nadie lograba explicarme el porqué de eso”, dice la réferi.

En un ambiente competitivo, la lucha no estuvo ausente pero Araya reconoce que así como hubo gente que le trató de meter una zancadilla, hubo otra –muchos hombres– que la impulsaron para alcanzar sus sueños.

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“¿El secreto?, es una cuestión de mentalidad y de mucho trabajo” dice la árbitra quien recuerda que la emoción más grande que ha vivido fue cuando le llegó la notificación de que pitaría en un juego de primera división. El duelo fue entre la Universidad de Costa Rica y Carmelita. El resultado: 0 a 0. La labor del árbitro: buena (según los propios jugadores).

La única mujer en una cancha de futbol masculino en Costa Rica sabe que apenas está subiendo los primeros peldaños de una gran escalera, y que habrá trampas, más intentos de zancadillas y mucho rechazo; pero está dispuesta a dar la lucha. Lleva una gran responsabilidad sobre sus hombros, una responsabilidad que solo cargan las mujeres que se aventuran a transitar por los terrenos históricamente dominados por los hombres.

“Yo se que cuando me equivoque en un partido la gente no va a decir mi nombre, sino que va a señalar mi género, es un duro reto, pero hay que ir abriendo puertas”, asegura lista para pitar el próximo juego.

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Investigación, fotografías y textos: Alonso Mata Blanco

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