Sujeto, sexo y predicado

Fotografías y videos: Jose Díaz

No hemos terminado de darnos el usual apretón de manos cuando el doctor comienza con el tratamiento: “No respondo preguntas personales”, advierte, mientras desenfunda una sonrisa adecuada para la franja familiar.

“La privacidad se tiene que guardar, y por eso cuando me preguntan: ¿Y cómo es usted en la cama?, respondo: Yo padezco de eyaculación precoz, de impotencia, de frigidez…"

"En algunos países, incluso el estado civil se considera un asunto privado, de manera que uno tiene que predicar con el ejemplo… no porque esconda algo de mi vida”, comenta, con el gesto tirante en los labios, “sino porque tiene que ser una enseñanza para que la población entienda que la privacidad no se toca”.

Asumo sus palabras de bienvenida como una vacuna contra la indiscreción.

El Dr. Mauro Fernández Sandí está sentado detrás de su escritorio, en una oficina que, por los distintos colores de sus paredes, podría describirse como alegre.

Azul, amarillo, rosado, verde. Siénteseme aquí para verla mejor, como el lobo de caperucita, dice bromista, mientras señala una de las dos sillas destinadas a los pacientes.

Este ha sido su consultorio desde 1997, y se nota que ha sido el paso del tiempo, más que la decoración de interiores, quien ha estado guiando el destino de cada uno de los libros, objetos y cuadros que palpitan por todos lados.

Nunca antes nos habíamos visto y, de hecho, es la primera vez que visito el Instituto Costarricense de Sexología (Icosex), donde él tiene uno de sus principales escenarios laborales, aunque no el único.

Sobre el escritorio hay un amistoso desorden liderado por la eficiencia. Dos teléfonos, una computadora, dos cajas de guantes, una de kleenex, libros, papeles. Al fondo, en un mueble de espaldas al escritorio, hay una foto de Charles Ingalls en el papel de Michael Landon, con su habitual pose de heroísmo provinciano, mucho más cerca de la pradera que de la montaña, como una versión protestante del Che Guevara. Unos garabatos –ilegibles desde lejos– sugieren una dedicatoria.

En los estantes cercanos hay muchísimos libros, jirafas de madera, plumas de avestruz, fotos de familia y un busto blanco de su tío Alfredo, el cual tiene un increíble parecido con un viejo líder de la revolución rusa. Una claridad meridiana entra por los grandes ventanales del edificio que miran hacia el Este, desde donde alcanzan a verse detalles íntimos del limbo geográfico entre Zapote y Barrio Pinto.

“Yo soy un médico que va a los

medios, y no al contrario”, afirma.

“Hace 20 años, cuando regresé al país, me produjo mucha indignación descubrir que cada vez que había una noticia internacional relacionada con sexualidad, los medios no tenían a quién consultar…. Y aunque usted no lo crea, en los ‘90 se iba a los videoclubes eróticos a preguntarle a los dueños su opinión. Me enojó mucho. Yo oía un comentario y me espeluznaba”.

El doctor Mauro tiene una voz juvenil, imperativa. Es bajito, locuaz, de abundante cabellera negra apenas pintada de gris sobre las sienes.

Lleva un estetoscopio azul en el cuello y, conforme sus argumentos se vuelven más intensos, él se inclina sobre el escritorio con los codos, como un infante curioso encaramado en el mostrador de una pulpería, ávido de confites.

Todas las arrugas de su rostro, incluso las del ceño, son la consecuencia de la mueca humanitaria que se instaló para siempre en su semblante. Una expresión optimista, pero curtida por los años de uso.

“Nosotros logramos hacer del sexo un tema cotidiano, familiar y televisivo. Hoy podemos hablar de sexo a cualquier hora”.


"Yo soy graduado de honor de la Universidad de Costa Rica, beca de honor todos los años, graduado de honor en el sistema de ginecología y graduado de honor de sexología…Tengo menciones honoríficas de la Universidad de Costa Rica y del Colegio de Médicos... Si uno tiene que dedicarse a una quijotada, tiene que ser sólido. A mí me fascina estudiar".

Mientras hacía su especialidad en ginecología, a mediados de los años ‘80, el Dr. Mauro descubrió que lo relativo a la reproducción humana estaba muy claro desde el punto de vista biológico.

Los órganos, los ciclos, las hormonas y las glándulas habían sido organizadas por la cátedra médica, pero no pasaba lo mismo con las prácticas, las fantasías, los placeres y las posturas.

“Me di cuenta de que lo nebuloso era el sexo, y que ahí faltaba ciencia”.

El Dr. Mauro se fue a México a continuar sus estudios y, finalmente, a inicios de los '90, se graduó como Sexólogo Educador en el Instituto Mexicano de Sexología.

Este período coincidió con sus labores diplomáticas en la embajada de Costa Rica en el D.F.

“A mí me tocó vivir lo que se llama la tercera revolución sexual, que es cuando los problemas sexuales se comenzaron a ver como problemas médicos, que se resuelven con tratamientos médicos. Me quedó muy bien el puente médico-sexólogo. Esa fue la gran ventaja. Si yo hubiese sido sexólogo en el ‘60, cuando todo era psicológico…"

Antes, dice el doctor, se resolvía un 30 por ciento de los problemas.

"Hoy resolvemos de un 95 a un 98 por ciento ".

Un comando de dos recepcionistas atiende las llamadas, acomoda a los pacientes y administra las agendas de los 15 especialistas que atienden en el edificio de dos plantas del Icosex, entre cardiólogos, sicólogos y médicos, que ponen todo su conocimiento al servicio de un único objetivo.

–Yo veo la parte médica de los problemas sexuales, que es la inmensa mayoría. Cuando una mujer tiene una anorgasmia o un problema en el deseo sexual, ya entendimos que la mayoría de las veces no es sicológico, es físico. Cuando un varón tiene un problema de erección o a nivel sexual, hoy sabemos que buena parte de las causas podrían ser estrictamente médicas.

–¿Disfuncionalidades de tipo…?

–Hormonal, metabólico, presión alta, diabetes, tiroides, colesterol, testículo, hormonas, ovarios, hipófisis…

El salón es amplio y está rodeado de puertas que, si se abren o cierran, dan a otras puertas de distintos consultorios. Hay plantas, cuadros, fotos del Dr. Mauro en acción frente a las cámaras, sillas, sofás y un rótulo publicitario de un conocido “holding” financiero: Aquí tasa cero. Cuotas que ni se sienten.

En lo alto de una pared, un televisor emite de forma ininterrumpida algún episodio de Dr. Mauro. Un mundo sexual, propuesta educativa que el doctor logró colar en el rating de la televisión nacional desde el año 2000, cuando el programa salió al aire por primera vez, aunque entonces se llamaba diferente.

“Fuimos el primer programa en este país que puso un parto en la televisión”.

“Eso se logró por el mensaje científico que mandamos. La gran ventaja es que el costarricense siempre ha querido mucho a los doctores. El hecho de que yo fuera doctor, revistó de blanco, revistió de ciencia, lo que hablamos”.

Todos los lunes, quienes sintonizan Canal 13 a las 7 de la noche, se encuentran con un espacio científico sin equivalentes: una telerevista reproductiva que raya en la pedagogía y el autoservicio, con secciones variadas que van desde los sondeos callejeros hasta la lecturas de poemas.

Una producción festiva pero sin concursos ni modelos ni premios, en la que un señor de saco y corbata se dirige a cámara y da la bienvenida, siempre con el mismo parlamento amigable:

Este programa está diseñado para todas aquellas personas que aún creen en el amor..." "Yo soy el doctor Mauro Fernández, médico cirujano, ginecólogo-obstetra, sexólogo, y lo invito a que me acompañe durante los próximos 60 minutos, a explorar: Un mundo sexual”.

Va, viene, dicta, explica, receta, abre, cose, responde, arregla, estudia, alivia.

El Dr. Mauro se tomó al pie de la letra el ejercicio de su libertad y, en nombre de ella, construyó una suerte de imperio mediático de evangelización sexual.

Su trabajo cotidiano, más que un asunto de realización personal o ascenso social, parece un sofisticado sistema de salud pública.

–¿Cómo explica la aceptación que ha tenido su programa?

–Vinimos a llenar una necesidad de información veraz, porque usted entra a Internet y dice, ‘ay dios mío, será cierto o no será cierto’… Entra en esta página, y dice una cosa; entra a otra, y dice lo contrario. Al final, usted tiene que decidir, votando, como si la verdad fuera una democracia… ‘diez páginas dicen que sí, cuatro dicen que no… entonces debe ser que sí’.

–Es decir, su programa le quita un peso de encima a la gente.

–La información relaja. Lo que más tensa es la ignorancia.

–Dice que recibe cerca de 2000 correos electrónicos por semana. ¿Quién responde todo eso?

–Yo.

–¿Cómo va a revisar y responder personalmente 2000 mails semanales?

–Recuerde: Soy un hombre de trabajo. Yo no gasto el tiempo. Todo se responde.

De alguna manera, eso me consta. No pasaron 24 horas desde el momento en que le escribí para solicitarle esta entrevista, cuando ya tenía una respuesta en mi buzón de entrada. Tan breve como eficiente. Decía: Me quedaría bien el viernes a las 12 md, en mi oficina. Me avisas? Saludos fraternos, Dr. Mauro.


Junto al programa semanal de televisión, el Dr. Mauro dicta conferencias en calidad de experto, dentro y fuera de Costa Rica, que también le permiten diseminar el mensaje educativo.

En general, inicia su consulta a las 6 de la mañana, de lunes a viernes, se mete al quirófano cada vez que le programan una cirugía e invierte tres horas diarias jugando al futbol o practicando atletismo.

Por supuesto, dedica tiempo a su familia. Y, como es normal, tiene otras necesidades demandantes, entre las que comer y dormir parecen ineludibles.

“Cuando uno no es un vagabundo, alcanza el tiempo. Cuando uno no toma licor, alcanza el tiempo. Cuando uno no es un mafufo, alcanza el tiempo. Cuando uno no gasta el tiempo en cigarro, alcanza el tiempo. Cuando a uno no se le ocurre tomar guaro y ver bailarinas, alcanza el tiempo”, repite como si fuera un salmo, apoyando cada nueva reiteración en el marco de su sonrisa.

Su Instituto fue fundado en 1992 y, aunque es un proyecto colectivo, la cara sonriente del Dr. Mauro se ha convertido en su marca comercial.

El sitio web lleva su nombre –ni siquiera su apellido (www.drmauro.com)– y en los libros que se editan y se reeditan en un círculo sin fin bajo el sello editorial Ginita Linda, la presencia del doctor fue adquiriendo protagonismo y pasó de ser una discreta firma tipográfica a un retrato en primer plano en la portada.

El punto intermedio fue la época en que los libros incluían en la contraportada diversas estampas del doctor, algunas de mirada intensa, con la mano en la barbilla.

“La gran lucha que nosotros estamos haciendo [y señala los libros del estante] es que podamos crear esa identidad sexual”.

La estrategia de explotar el nombre y la imagen del Dr. Mauro dio resultado.

El Icosex acumula un banco de 16 mil preguntas –hechas por pacientes, lectores, espectadores, televidentes, radioescuchas– respondidas en las incontables ediciones de sus 14 libros.

“Costa Rica logró crear una identidad en su forma de ver la vida, sin ejército–, pero a nivel sexual no lo hemos logrado y nos parecemos a todo Occidente".


Además, asegura que algunos de estos libros fueron superventas con no menos de siete ediciones, a veces más solicitados en librerías locales que los de Paulo Coelho o Mario Benedetti.

Y los números no lo han abandonado: hasta el mes pasado, su página web había superado los 12 millones de visitas.

Aún así, no es suficiente. No para el Dr. Mauro. “Nos hemos vuelto tan blandos de piel que nos pica el sudor. ‘La abundancia me hizo pobre’, dice Ovidio. Ni siquiera somos capaces de educar a nuestros hijos, tren de malcriados”.

–¿Eso le preocupa mucho?

–Yo soy un perro rabioso, y llevo un dolor muy adentro… México es mi tierra, Argentina mi cielo y Costa Rica mi corazón y, como tal, me duele que la estemos perdiendo. Con la calidad de la educación actual, tenemos el futuro embargado. Le metimos a las nuevas generaciones que la vida es vacilón, guaro y conciertos”, dice, evidentemente molesto.

“Ya es hora de que metamos la responsabilidad como parte de la vida sexual y de la vida usual. Yo estoy a favor de todo aquel que pueda ser responsable de sus actos.

¿Por qué yo salgo de aquí a hacer ejercicio? Porque yo llevo un viejo adentro. ¿Por qué yo no fumo? Porque yo llevo un viejo adentro.

La vida es un proyecto de vida. Tenemos que meternos en la cabeza que lo que usted hace hoy, tendrá repercusiones mañana.

“Al hijo al que enseñarle a defenderse de la cultura”, dice, ceremonioso. “¿Sabés qué significa el concepto de “defensa cultural”?

–Explíquemelo, por favor.

–Es un concepto por el cual, aunque Saprissa esté en el último lugar, yo no me hago liguista. Por algo que me metieron en la casa: ‘Usted es morado hasta la muerte’. Nosotros, en mi familia, no tomamos licor, nunca. Es una convicción.

"Soy saprissita como soy abstemio".

“Lo peor que le puede pasar a un país es que sus ricos sean tontos y sus pobres sean vagos”.

“A mí me enseñaron la excelencia: ‘Nunca haga las cosas mal’. En este momento usted tiene una enfermedad, ¿quién quiere que la vea, el médico que se graduó con siete o el que se graduó con diez? ¿Usted sabe cómo se llama un estudiante de medicina que repitió todos los años y que se robaba los exámenes? ¿Usted sabe cómo se llama cuando se gradúa? Médico, igual que yo. Esa es la responsabilidad que usted tiene con usted mismo de ser excelente. Y si no le gusta la excelencia, cuando vaya al Seguro, escoja al peor, a ver si le gusta la mediocridad”.

–Casi siempre elegimos a ciegas, y no sabemos a quién…

–No tiene que ver con ‘quién’... Uno debe introyectar la excelencia por el bien que eso produce. La excelencia es una costumbre.

–¿Y se siente satisfecho?

–No.

–¿Insatisfecho?

–Absoluto.