Negocio familiar confecciona vestidos hechos a la medida para sus muñecas Barbie

Maryling Montero conoció el oficio de la costura a puro ojo. Su madre afirma que lo aprendió en su vientre.

Mientras Corina Zeledón se especializaba en una sastrería frente a una máquina singer en Barrio México a principios de 1980, Maryling aprendía del oficio pegada al cordón umbilical.

La afición nació años más tarde cuando Corina le regaló a sus dos hijas las muñecas que nunca tuvo y decidió vestirlas. Las muñecas adornaron el ancho ventanal de su humilde casa en Desamparados. Luego, las muchachas del Colegio Vocacional y sus papás convirtieron el pasatiempo en un negocio. Un vestido alcanzaba para pagar cinco meses de alquiler, recordó.

La pasión por hacer vestidos para muñecas se originó muy lejos de allí, en Nicaragua.

Corina Zeledón es una costurera que vivió su infancia más cerca de Honduras que de Managua.

Se crió lejos de las "barbies", pero cerca del maíz, la materia prima de sus únicas muñecas.

Antes de abandonar El Jícaro, el pueblo donde creció, se aburrió del pupitre y se enamoró de los manteles que cosía su madre. En 1978, llegó a San José para visitar a un tío.

En Costa Rica, descubrió las vitrinas de Mattel y perdió su pasaporte. Pero aquí encontró el amor y se casó con un obrero que ayudó a construir la planta geotérmica del ICE en Miravalles.

La ausencia de su marido le enseñó a ser paciente. En la mañana cuidaba de sus tres hijos y en la noche se escuchaba la rueda y las puntadas de su herramienta. Un día simplemente se le ocurrió achicar los vestidos y agudizar su creatividad.

Hace seis años su hija retomó el pasatiempo y hace ocho meses volvió a la empresa de vestidos a la medida en Barrio Roosevelt de Montes de Oca.

Esta vez no es tanto el negocio como la pasión, la misma que lleva a Maryling -con champú, acondicionador y plancha en mano - a invertir un día entero en el ritual de limpieza de las barbies y sus vestidos.

Maryling confecciona lo que le pidan: el clásico vestido de bodas, la indumentaria de las princesas de Disney, uno que salga en revistas de moda u otro destinado para una bruja en Halloween.

Si esta interesado, puede llamarla al 8881 5481. Los vestidos cuestan desde ¢2.000 hasta ¢6.000.