A mucha honra

Brasil 0 - Holanda 3

Goles: Robin van Persie (3”), Daley Blind, (17”), Georgino Wijnaldum (91”)

El mundo se ha movido hacia un lugar “existista”. Ganar o ganar. Un concepto que se acerca más a Wall Street que al deporte. Hace unos días, el mismo DT Louis van Gaal declaró que el partido por tercer y cuarto lugar no tenía que jugarse. No parecía pensar eso hoy que celebró eufóricamente los goles de su equipo. Turquía, Polonia y la misma Alemania han jugado esos partidos y han celebrado ese puesto con determinación y honra en otros mundiales. Aquí no nos vamos a sumar a la ideología del “segundo lugar es el primer perdedor,” esa enfermedad gringuista.

Tampoco vamos a negar que las expectativas de Holanda y Brasil eran otras. Pero esto es un deporte (tampoco es la respuesta a los problemas mundiales) y quedar tercero y cuarto de 32 equipos no es poca cosa.

Si no, por qué Van Persie celebra así su gol de penalti ante Julio César? ¿Por qué Blind corre inyectado después de recibir el pésimo despeje de David Luiz en el minuto 17? ¿Por qué Wijnaldum busca, encarrerado, el banquillo holandés al anotar el definitorio tres a cero?

Es fácil subirse a la carroza del triunfo. Hay que tener carácter para, después de ser favoritos, salir a jugar con dignidad un partido como este. En Brasilia, lejos del allure de Rio de Janeiro, un día antes de la final. Tercer y cuarto lugar de 32 equipos.

¿Qué vimos? Un estadio Mané Garrincha de Brasilia prácticamente lleno, cosa que habla bien de la afición local. Acompañar al equipo en las buenas y en las malas, que es -a fin de cuentas- la verdadera moral del fútbol.


Y ¿qué más? Una Selección de Brasil errática, débil, angustiada. Una canarihna que pasará a la historia como la más goleada y vapuleada. Y una Holanda que salió, con otra decepción a cuestas, a ganar ese tercer lugar.


Cada bola que le llegó a Arjen Robben fue un problema para Brasil. La primera generó el penal -mal pitado por el Djamel Haimoudi porque fue fuera del área- que luego convertiría Van Persie en gol. Pero así fue el resto del partido, el hombre de peligro para Brasil.

No mucho más se puede comentar. Holanda administró el partido, si no atacaba, dejaba a los brasileros tener la sensación de que ponían en peligro la retaguardia holandesa.

La verdeamarela demostró, hoy también, ser la peor representación que ha tenido su país es mundiales. Eso no es poca cosa. Pero tampoco es para sumarse a la hipérbole. Este es un deporte, el más hermoso del mundo, pero un deporte al fin.



Ya se ha dicho, algo bueno saldrá de este trance brasileño. Mientras tanto, Holanda, también metabolizará este nuevo acercamiento fallido a un cetro de campeón mundial.