Amor eterno

Goles: Edinson Cavani (24”),

Joel Campbell (54”), Oscar Duarte (57”), Marco Ureña (84”)

Cómo sufríamos cuando fuimos al medio tiempo. Los muchachos desaparecieron en el túnel de los vestuarios y aquí, a miles de kilómetros de Castelao, Fortaleza, nos mirábamos sin hablar en las salas y en los bares y en los parques. No tirábamos la toalla, pero nada de lo que habíamos visto en la cancha iba a servir para remontar el gol en contra.

El partido se jugaba en los tres cuartos de cancha donde no están las porterías. Cautela de ambos lados pero quizás más pronunciada en los ticos. Bolaños y Ruiz parecían esconderse del balón. Borges y Tejeda bien parados en la gramilla de Castelao y la zaga tica cortando efectivamente a Forlán, Rodríguez y Cavani.

Sin mayores sobresaltos transcurría el partido, anclados los dos equipos en el estudio y la vigilancia. Hasta que en jugada de balón parado, Junior Díaz manoseó visiblemente a Lugano. El árbitro alemán Kulpers no dudó en señalar el penal. Cavani supo vencer el vuelo de Keylor Navas. Era el minuto 24 y empezaba el conocido murmullo interior en nuestras cabezas, ese sonido mudo de todos los complejos y temores que tanto conocemos.

No se veía en la cancha por el resto de ese primer tiempo la solución al marcador adverso. Iba a ser difícil empatar si no llegábamos al arco de Muslera. Encima, los uruguayos parecían haber salido con una consigna: todos a Campbell.

Pero el equipo que entró a las duchas no fue el mismo que salió. Algo sucedió allá adentro, algo de lo que sólo vimos el resultado. Arrancó el segundo tiempo y apareció ese equipo que no veíamos desde los últimos partidos de clasificación. El equipo de los huevos de acero y el pulso fijo. Despertó Ruiz, despertó Bolaños. Y así se multiplicó el potencial de Campbell.

En una salida veloz y vertical por partes iguales, Ruiz le hace un pase de lujo a Bolaños que, desde el fondo del extremo derecho pone un centro que supera a Lugano y cae en los pies maravillosos de Joel. El país entero dejó de respirar mientras Campbell preparó la zurda para luego disparar y abombar violentamente la red uruguaya. Respirar de nuevo y gritar fue una sola cosa. La revancha mezclada con la alegría tendría que tener un nombre. Hoy lo tuvo, se llama GOL.

Tres minutos después, Bolaños, otra vez, desde balón parado, repitió la jugada de laboratorio que casi había funcionado antes. Una pelota al segundo palo que Duarte, lanzado de cabeza, colocó al poste contrario de Muslera. Déjennos celebrarlo otra vez. Corramos esos metros desbocados con Duarte y el resto de los jugadores, encontrémonos todos con la zona técnica y suplentes. Lloremos de alegría con Duarte, hincados en la gramilla del Castelao.

En adelante todo fue desesperación de la Celeste y cabeza fría de la Tricolor. Frustrados por la tarde endiablada de Campbell, quisieron romperlo. Lugano Rodríguez, Pereira, todos. Entonces Joel respondió como mejor sabe. Le puso un pase aritmético a Ureña (que entró al 83” por Ruiz) que corrió sin tocar el suelo y venció con elegancia a Muslera. 3 a 1. Delirio total. Eso que es más grande que las palabras. Eso que nos hace abrazarnos en el aire con amigos y extraños. Eso que nos saca lágrimas no sabemos bien por qué. Ni nos nos importa.

Liderados por un Joel Campbell poseído, la Selección de Costa Rica superó con holgura a la de Uruguay. De ese segundo tiempo hablan ya todos los diarios del mundo. Déjennos celebrar este romance con la Sele. Amor eterno.