Animal Planet

Club Sport Cartaginés 0 - Liga deportiva Alajuelense 0 (suspendido al minuto 40)

La Liga Deportiva Alajuelense manejaba tranquilamente un partido que al minuto 40” se caracterizaba por eso: tranquilidad, calma, cálculo, ni un sobresalto. Un amistoso a mitad de campeonato.

Cartago jugaba de casa pero el patrón era, sin espacio para la duda, el equipo rojinegro. En medio de la placidez de una tarde soleada, los liguistas, cuando querían, metían esas transiciones rápidas que tanto lucen en las dimensiones ampliadas de la cancha del Estadio Nacional.

Por su parte, el Club Sport Cartaginés parecía jugar con un hombre menos, siempre superado numéricamente por los manudos, adelante y atrás. Salvo un balón inteligente que le llegó al Chiqui Brenes al 35”, y que remató sin éxito desde el área pequeña, los brumosos no habían mostrado recursos para desviarse, de mantenerse esa tónica, de perder su segundo partido en fila.

Pero en las graderías se encendía la pólvora de la violencia. En el costado dorado por el sol de la tarde de verano, algunos miembros de La Doce con un claro desbalance de testosterena versus neuronas, se volcaron sobre seguidores del equipo brumoso. Lo que para unos es estupidez, para otros es valentía, eso no va a cambiar nunca. Le guste a quien le guste. Imbéciles hay en todos lados.


Las cámaras de Canal 7 cubrieron los hechos en vivo. Siguieron esa especie de vuelta olímpica de unos pintas -uso la palabra que todo el periodismo evita aunque se escucha entre líneas- que cruzaron al suave por todas las zonas del estadio. En esa vuelta reveladora, no se ve ni un solo policía y acaso unas camisas naranja de lo que se presume empleados de una empresa de seguridad privada.

La policía antimotines -tan rápida para reducir a estudiantes universitarios- apareció en las gradas del Nacional cuando ya tenía poco para hacer.


Es cierto que los movimientos de las cámaras sobre ciertos personajes de La Doce nos hacían pensar en Animal Planet o Discovery Channel (como lo dijo mi amigo Roberto). Es así. Pero es cierto también que el problema es 1) que se permita arrancar un partido sin presencia policial y 2) confiar en empresas de seguridad privada que -queda demostrado- salvo para cobrar, no tienen la capacidad ni preparación para hacerse cargo de este tipo de eventos.

Con mi amigo Roberto apostamos cuántas veces se va a usar la palabra “flagelo” en estos días posteriores a los hechos de este domingo. Cuánta gente que odia el fútbol y lo que lo rodea va meter la nariz y cuántos otros van a querer -las buenas conciencias- depositar en esos pintas (ya les llaman “delincuentes” que, en términos estrictos, no es lo mismo) un montón de prejuicios confundidos por valores.


Escuchando y leyendo comentarios en la tele y medios parece que lo que más molesta a mucha gente es que ellos, los pintas, hayan entrado a la zona de prensa y los palcos.

Pretender sacar a las barras bravas del fútbol es como pedir por la paz del mundo. Aquí, opino, lo que no puede suceder es que nos relajemos con respecto a la seguridad -policía pública y privada pero profesional- en los estadios.


Fotografía: www.lda.cr