Antigüedades en tienda josefina recrean escenarios de películas y reviven recuerdos

Sumergirse en los recovecos de Antigüedades Lisa y John es como poner un pie en muchas épocas distintas y empolvadas, reflejadas en repisas que guindan del techo.

Cada objeto lo transporta a una época desconocida.

Muchos de los más de 10 mil artículos que John González y su esposa Lisa recopilan en una tienda amarillenta y esquinera -ubicada 100 metros al norte del antiguo MOPT- terminan siendo escenografía cinematográfica o adornando las tablas de algún teatro.

González comentó que vajillas, muebles añejados y lámparas refinadas han estado en historias de largometrajes y videos aficionados. Otros han recordado a muchos su juventud o los han hecho sentirse más cerca de un ser querido que ya no está.

Existen objetos empotrados en paredes y otros que dormitan tras la vitrina de una caja registradora y que son patrimonio histórico.

Este es el caso de dos pitos que pertenecieron al ejército costarricense o cuchillas que fueron de generales ticos y que un coleccionista le vendió.

González abrió su tienda hace tres años. Ha coleccionado artículos de todo tipo desde que era niño, pero lo hacía por placer. En muchas ocasiones, sus conocidos se interesaban en sus colecciones y le pedían que se las vendiera.

Una mala pasada económica hizo que tuviera que desprenderse de algunas de sus colecciones más preciadas, hace cuatro años atrás. Fue en ese momento cuando decidió ponerse un “chinamo” en el Mercado Central de San José.

Un año más tarde, abrió su tienda de antigüedades que construyó con sus propias manos y con la ayuda de su hijo, quien es su aprendiz. Su tienda es una de las pocas patentadas por la Municipalidad de San José.

Ningún artículo tiene precio en la tienda de este coleccionista aficionado, pero sus costos oscilan entre los ¢1.000 y ¢1.500.000. Son tan variados como una jarra típica de café, sofisticados equipos de cinematografía, máquinas de granizados y moledores de carne, así como adornos de oro y plata.

La intención de González es personalizar la tienda por completo. En sus años de experiencia en compra, venta e intercambio de objetos antiguos, ha logrado reconocer el tipo de cliente que visita su negocio y por lo general sabe qué anda buscando o qué recomendarle cuando ronda las repisas con esmero.

Durante esta entrevista, recorrió con su mirada las miles de reliquias, de todo tamaño y color, que alguna vez fueron de alguien más y que cuentan una historia propia. Su mirada es de satisfacción, que se traduce en una frase que resume este negocio familiar: "esta es mi vida".