Bienvenidos al paraíso: las paradojas de Guantánamo

Con su campo de golf desierto, sus iguanas bajo el sol implacable, su cine al aire libre y por supuesto, su prisión, todo lo que concierne a la base naval de Guantánamo, que no se halla estrictamente en Estados Unidos ni en Cuba.

Esta base está rodeada de una estricta censura. "Bienvenido al paraíso: GTMO, la perla de las Antillas", proclaman desvergonzadamente unas camisetas en venta en las tiendas de souvenirs de la base, donde se ven varios soldados.

Con sus barracones amarillos, que se divisan hasta donde llega la vista, y sus viejos hangares rodeados de alambradas de púas con la leyenda "No fotografiar", lo único paradisíaco de la base militar estadounidense en territorio alquilado a Cuba desde 1903, son su clima y sus aguas turquesas, en las que los militares gustan zambullirse y navegar en sus horas libres.

No hay playas de arena blanca para los cerca de 5.000 soldados y civiles, sino cantos rodados para holgazanear, como hacen las numerosas iguanas, protegidas por una disposición que castiga con una multa de 10.000 dólares a quien les haga daño.

Una estatua de Nuestra Señora del Cobre, la patrona de Cuba, domina la bahía, una oficina decrépita de la pequeña compañía aérea civil IBC ofrece su vuelo semanal a Florida, el supermercado libre de impuestos de la Marina estadounidense tiene el aspecto del viejo decorado de un cine: "el tiempo aquí casi se ha detenido hace veinte años", explica Stan Tirvioli, el oficial a cargo de Radio GTMO.

"Internet es lenta, constantemente hay que esperar para obtener las cosas que nos llegan por barco, esto nos vuelve locos", afirma el soldado Steven Jaquin, el ingeniero de la radio.

El lugar viene a ser "un poco como un microcosmos" de Estados Unidos, dice; y hace referencia al cine al aire libre donde proyectan "Robocop" y al inevitable local de McDonald's, delante del cual hasta los inmigrantes filipinos se quedan inmóviles cuando dos veces al día suena en toda la base el himno nacional estadounidense.

La criminalidad prácticamente no existe. "Aquí todo el mundo se conoce, es una comunidad tranquila, cerrada detrás de la frontera con Cuba, no se puede ir demasiado lejos", agrega el jefe de "la radio que suena en el patio trasero de Fidel".