Cabras llenan de vida a finca sostenible en Guanacaste

#buenasnoticias​Rancho Avellanas fabrica productos artesanales

Inés llegó a la finca en 2009 y desde entonces no le hace caso a nadie; a Sofi, Carlos le tuvo que construir una andadera para que aprendiera a caminar.

Ambas son parte de las 100 cabras que viven en Rancho Avellanas, una finca cerca de la playa con el mismo nombre en Guanacaste, en donde la regla es cuidar al medio ambiente y aprovechar al máximo y de manera sostenible los recursos.

La iniciativa fue obra del veterinario Carlos Carranza y su esposa Hilda Torre, quienes se cansaron del trajín josefino, luego de más de veinte años de vivir allí, y decidieron trasladarse a tierras guanacastecas.

Anteriormente, en los ochenta, Carlos, su esposa y sus hijos vivieron en Rancho Avellanas, sin embargo en ese entonces era una finca ganadera tradicional.

Años después, Carlos sembró teca, una especie de árbol nativo de la zona, en toda la finca, compró unas cabras y con los residuos de la madera empezó a construir las cabrerizas.

"La cabra es un animal muy dócil y acompaña al ser humano desde sus inicios", aseguró.

Veterinario Carlos Carranza

Carranza explicó que una finca sostenible es aquella en la que se utiliza el sentido común, es decir se analiza el entorno y se identifican los recursos que se pueden utilizar de manera provechosa sin afectar al medio ambiente.

Por ejemplo, a las cabras no se les suministra químicos para controlar sus parásitos, sino que se mantienen en espacios donde naturalmente se mantienen libres de estos organismos.

A partir de los desechos de lo animales se elabora un compuesto que sirve de abono para las plantas la finca. Los fertilizantes son orgánicos.

"Voy creando círculos en los cuales se vayan reaprovechando los desechos y se vayan reintegrando nuevamente a la finca", comentó Carlos.

Los animales se alimentan de plantas de la finca, entre ellas la moringa, llamada la "planta milagrosa" por su alto contenido nutricional.

Este modelo les ha generado resultados. Actualmente producen, a partir de la leche de cabras, quesos, leche y yogurt griego, así como líquido con frutas, todo de manera artesanal, libre de preservantes y químicos.

Los productos los venden en ferias orgánicas, restaurantes y hoteles de zona. "Nuestra venta no es masiva, sino que es de relación directa con nuestros compradores. Es una experiencia muy interesante de aprendizaje", manifestó Carranza.

El negocio emplea a dos familias de la zona que les ayudan con la producción y recibe visitas de todo aquel que desee conocer sus métodos de producción.

"Lo interesante es hacer cosas en pequeña escala que puedan ser reproducidos por nuestros campesinos", dijo.

Veterinario Carlos Carranza


Fotos y video: Rancho Avellanas.