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Cada 90 minutos, Policía decomisa droga a una persona menor de edad en Costa Rica

Investigación del ICD en el 2017

Incautar drogas a personas menores de edad es una tarea habitual para la Policía. De hecho, cada 90 minutos -lo que dura un partido de fútbol- se registra un decomiso.

Un estudio elaborado por el Instituto Costarricense sobre Drogas (ICD) y el Programa Estado de la Nación presentado en abril pasado reveló que en el 2017 las autoridades realizaron un total de 6.347 incautaciones de drogas a adolescentes entre los 13 y 17 años; y 247 decomisos a menores de 12 años.

Es la primera vez que se hace este estudio, por lo que no se puede medir si hay un incremento o baja en la cantidad de incautaciones.

De toda la droga decomisada, un 77 por ciento corresponde a marihuana, 13 por ciento a crack y 8 por ciento a cocaína; el restante 2 por ciento agrupo otros tipos de sustancias ilícitas.

La posesión de la droga no significa que los jóvenes estén en delincuencia, pues en Costa Rica esto no es delito; lo que sí está penado con cárcel es el tráfico y venta.

Si bien el estudio se limita a indicar las incautaciones (sin especificar la comisión de alguna actividad ilegal o la cantidad de droga), las cifras son alarmantes y evidencian la vulnerabilidad en las que se encuentran los muchachos. Así lo señaló el fiscal penal juvenil, Omar Jiménez.

El abogado alertó que las bandas criminales reclutan a los jóvenes como "burros" o vendedores, y que incluso, como pago, les dan droga, metiéndolos en el vicio y volviéndolos dependientes. De tal forma caen en un círculo del que no pueden escapar, pues para conseguir droga deben seguir órdenes de líder de la banda.

Esto, detalló Jiménez, le abre las puertas a los muchachos para ir escalando posiciones en el grupo criminal, y, a medida que pasa el tiempo, asumir funciones más complejas y que conllevan más peligro: asaltar, matar...

Estrategia

El director del ICD, Guillermo Araya, expresó que el objetivo de este estudio es generar políticas públicas y acciones concretas para prevenir el consumo y evitar que los adolescentes se vean atrapados en redes criminales.

Araya enfatizó en que se requiere una estrategia interdisciplinaria en donde diferentes actores sociales intervengan: Policía, sistema educativo, organizaciones comunales.

No obstante, destacó particularmente la labor que le corresponde a las familias, allí, a su criterio, en donde se debe estar principalmente alerta de los comportamientos de los muchachos, evitar que estos caigan en el consumo, y -en caso de que lo hagan- buscar formas efectivas para que dejen el vicio, de lo contrario, las consecuencias pueden ser irreparables...