Candidatos: ni tan compadres ni tan rivales

En ambos extremos de la mesa, Johnny Araya y José María Villalta. Sin embargo, la metáfora no duró mucho: al lado del exalcalde josefino sentaron a José Miguel Corrales, de Patria Nueva. Después, el orden continuó igualmente caprichoso. A su lado siguió Otto Guevara, del Movimiento Libertario, Rodolfo Piza, del PUSC, y Luis Guillermo Solís, del PAC, hasta llegar de nuevo al candidato del Frente Amplio.

El debate arrancó con 18 minutos de retraso. Programado por la Universidad Nacional (UNA) con seis representantes de los partidos políticos en campaña, dio inicio a las 2:18 p. m.

Más que “público general”, las butacas del auditorio Clodomiro Picado se vieron abarrotadas por jugadores titulares: periodistas y compañeros de partido de cada candidato.

Quizá hubo uno que otro gol (léase uno que otro alumno; uno que otro profesor) pero en las afueras del recinto se quedó varada una multitud –en apariencia estudiantil– con demasiada energía adentro y exceso de lluvia encima como para pasar al olvido fácilmente.

Alaridos, más que gritos, empezaron a sonar muy pronto, clamando por su derecho a entrar, pero no.

Antes de empezar el debate, una grabación reglamentaria del auditorio dejó flotando una nube de smog electoral: “En caso de emergencia, no grite ni corra: mantenga la calma”. Rápidamente, el formato del encuentro se impuso monolíticamente sobre cualquier expectativa de dinamismo. Más que un debate, aquello fue una cumbre.



Tal y como se anunció, los temas abordados fueron Legitimidad del Estado y corrupción, Desafíos de la educación pública en Costa Rica, Pobreza, desigualdad y desarrollo humano, y Problemática ambiental, soberanía alimentaria y cambio climático.

Sin embargo, podría decirse que las múltiples preguntas lanzadas a lo largo de la jornada por el vicerrector de la UNA, Francisco González, tenían índice, introducción, marco teórico, reflexiones en torno y conclusiones finales…

Parece que los académicos, siempre temerosos de parecer superficiales, más bien naufragaron en lo profundo de la trascendencia. Las preguntas, lejos de ser puntuales, fueron expositivas, lo cual inspiró a los invitados.


Más que hacer gala de sus virtudes, ninguno de los aspirantes presidenciales pudo ocultar de donde venía, aunque tal vez sí, a dónde va.

Como viejo político oficialista, a Johnny Araya se le salió el ensayo; a Corrales, el colmillo; a Otto, la fotogenia. Como exmagistrado, a Rodolfo Piza se le salió el reglamento; a Luis Guillermo Solís, la cátedra y, como diputado de oposición, a Villalta se le salió el fogueo. Cada uno expuso sus ideas pero, sobre todo, su personalidad.

La diferencia con las ideas y las ambiciones es que estas pueden enmascararse, no así el talante. En este sentido, es singular que ninguno de los participantes acotara que no gobiernan “personas” y “personalidades”, sino “equipos” e “ideologías”, lo cual hubiera moderado la desproporcionada expectativa que se cierne sobre cada uno de ellos durante la presente campaña.


El orden de las respuestas no siempre fue el mismo, y en cada área temática varió el orden de la palabra.

Por momentos, frente al exceso o falta de vehemencia, y tomando en cuenta que el auditorio era una especie de público cautivo y convencido, uno se preguntaba:

¿A quién le estarán hablando estos señores? ¿Están tratando de convencer, persuadir… a quién?

Las posibles respuestas, claro, no atañen tanto a los candidatos, a quienes no les queda más que aceptar invitaciones de semejante calibre, sino a los organizadores, porque este primer debate estuvo lejos de pensarse como un foro abierto, incluso a la comunidad universitaria.


Si hemos de señalar faltas en una tanda que exhibió todas las gamas del gris, y no solo en los sacos de los políticos mencionados, hay que decir que Araya tuvo dos intervenciones funestas. La primera fue cuando se refirió a la necesidad de un censo digital entre las personas de escasos recursos: “Nosotros no sabemos quiénes son los pobres y dónde están los pobres”. Y la segunda cita inolvidable la dijo casi al final, cuando se refería a los temas ambientales y la seguridad alimentaria:

No hay nada más depredador para la Naturaleza que la pobreza". Candidato presidencial del PLN, Johnny Araya.


Encargados de hacer la valoración final, cuatro académicos acompañaron a los candidatos en el escenario. Gerardo Jiménez, Ana Teresa León, Norman Solórzano y Wilberth Jiménez. Parafraseando a uno de ellos, el Dr. Solórzano, hay que decir que la mayoría de las intervenciones de los candidatos reiteraron el diagnóstico.O sea, muchas de sus respuestas repitieron la pregunta, tras un extenuante ejercicio retórico que duró cuatro horas exactas.

Araya fue, justamente, el último candidato en hablar. Ni lerdo ni perezoso respondió a un ácido comentario de Villalta, quien le cuestionó su “repentino” interés por alternativas de transporte urbano, como el tranvía. “Creo que, aquí, hemos tenido más coincidencias qué discrepancias”, dijo el político, buscando –si no amistad– al menos conciliación. Tal fue la lectura del señor Araya. Ojalá se equivoque.