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La caravana de la apatía

Un equipo de AmeliaRueda.com acompañó al exministro de Trabajo en la privacidad de su vehículo, casa y familia durante la contienda de este domingo

Saca su vaporizador con parsimonia, le da un jalón profundo... exhala. La escena se repite dos veces más.

La tarde es gris y se asoma la lluvia. El precandidato del Partido Acción Ciudadana (PAC) Carlos Alvarado recurre a su pipa electrónica porque dejó de fumar hace seis meses, el cigarro ya no es opción para batallar contra la ansiedad que niega sentir. Él dice "estar tranquilo", pero lo cierto es que un aire opaco lo envuelve, como si se estuviese quedando sin batería, como si la soledad lo consumiera.

Un equipo de AmeliaRueda.com acompañó al exministro de Trabajo en la privacidad de su vehículo, casa y familia durante la contienda de este domingo, desde las 3 p.m. hasta minutos después de aceptar el triunfo. Estos son algunos apuntes.

Apagado

El reloj del Toyota Rav4 2014 en el que viajamos anuncia las 4 p.m. del domingo 9 de julio, falta solo una hora para que cierren las urnas del primer proceso electoral en que su nombre figura en la papeleta. Hay mucha mesura en el candidato, tanta que se confunde con pesimismo, con resignación. Esto, aunado al triunfalismo que su rival, el exministro de Economía Welmer Ramos, expresa en las entrevistas con la prensa, dibujan una ruta lejana a la alegría para Alvarado, un periodista de 37 años que milita en el PAC desde su creación, algo que enfatiza cada vez que lo atacan por su juventud y supuesta falta de recorrido.

En el carro también viaja la esposa de Alvarado, Claudia Dobles, y su encargado de logística, Pablo Soto. El chofer, Alexis Flores, es el único que habla, cuenta ocurrencias y reitera su apoyo al candidato del cambio, más bien: de la continuidad del cambio.

Don Alexis es el mismo chofer que transportó al presidente Luis Guillermo Solís durante su campaña en el 2013 y 2014. Es decir, en eso no hubo cambio. Sin embargo, la jornada de este domingo fue muy distinta a las bulliciosas caravanas de la alegría del carismático aspirante presidencial de aquel entonces. En el episodio de este domingo no hubo selfies, ni muecas, ni grandes cimarronas; y las escuelas que visitó Alvarado estaban prácticamente vacías, como si nadie hubiera avisado que el aspirante iba a pasar a darse la vuelta.

Familia apolítica

Una vez cerradas las urnas, Alvarado hizo una parada en la residencia de sus padres, en el distrito josefino de Pavas. Nadie en el barrio se inmutó por la llegada del precandidato presidencial, nadie se dio cuenta. La casa de don Alejandro Alvarado y Adelia Quesada no tiene ni siquiera una bandera rojiamarilla, mucho menos un cartel con el rostro de su hijo.

Don Alejandro se confiesa, dice -con una mueca de incomodidad- que en la familia nunca nadie se ha metido en política, que su hijo es el primero. Hasta afirma que él no le ha pedido a nadie que vote por Carlos, que ni siquiera a mandado mensajes a los chats de WhtasApp de los que forma parte en busca de apoyo. "Yo no soy así, no me nace", se justifica.

Claudio Dobles, la esposa de Carlos, tampoco es una fan de la política. Ella es arquitecta y nunca ha militado en un partido; lo que menos le gusta de las aspiraciones de su marido es la posible exposición a la que está sujeto Gabriel, el hijo de ambos. Hasta ahora ha logrado evitar que el pequeño de 4 años aparezca en fotos o videos, aunque sabe que la misión se complicará a medida que avance la contienda.

Mientras Claudia se toma un café, Alvarado echa mano de su vaporizador, y camina por la casa como jaguar enjaulado, desprendiendo humo cual chimenea y revisando su teléfono con obsesión: comienzan a llegar los primeros datos de las elecciones.

Huele a victoria

A cuenta gotas, el triunfo empieza a tomar forma: "ganamos en Moravia, en Belén..." le informa Pablo Soto, estratega de logística, a Alvarado; en casi todas las mesas hay ventaja de la tendencia del "profeta" de la continuidad del cambio.

Una sonrisa se dibuja en el rígido rostro del aspirante. El gorila que cargaba en los hombros lo deja en paz. Pese a la noticia, mantiene la compostura: "Hay que esperar los resultados del tribunal", dice conteniendo la emoción.

Para esperar el anuncio oficial, Alvarado se atrinchera en la casa de uno de sus partidarios, Bernal Bolaños, en barrio Roosevelt en San Pedro de Montes de Oca. Además del dueño de la vivienda, solo lo acompañan su esposa y Pablo Soto.

Mientras la presidenta del PAC, Margarita Bolaños, anuncia los resultados en conferencia de prensa transmitida por las televisoras, Alvarado se cambia la camisa y se pone el saco para ir a dar la cara a sus allegados en la casa de campaña de su tendencia, con parsimonia, sin sobresaltos y sin su vaporizador, pues a este, de tanto uso, se le agotó la batería.

La información oficial coincide con la que maneja el equipo de Alvarado, el apoyo es de un 56%. El aspirante se mantiene comedido, no pega un grito de alegría, no corre a besar a su esposa, ahora está pendiente de la reacción de su contrincante. Llama por teléfono, tuitea, sigue serio, más serio que antes.

Finalmente Welmer Ramos da declaraciones y, a su manera, reconoce la derrota. No ha terminado de dar su mensaje el vencido cuando Alvarado ordena a su pequeña comitiva que es hora de marcharse, es hora de aceptar la victoria.

Camino al automóvil da sus primera declaraciones oficiales: "Ahora lo que sigue es ganar las nacionales". Termina la frase y se echa una risa, no es una risa entusiasta, sino una risa casi nerviosa, a sabiendas de que se viene lo más duro, de que ya pasó el sparring y viene la pelea verdadera.