China dice que sucesor de Dalai Lama, desaparecido hace 20 años, vive "normalmente"

Tibet​Gedhun Choekyi Nyima, hoy de 26 años, sigue cautivo por las autoridades chinas, que no reconocen su investidura

Un hombre detenido por las autoridades chinas hace 20 años, después de que el Dalai Lama lo designara como segundo líder espiritual tibetano, lleva una vida normal y no quiere ser molestado, aseguraron responsables del gobierno de Pekín.

En 1995, cuando tenía seis años, Gedhun Choekyi Nyima fue identificado por el Dalai Lama como la reencarnación del Panchen Lama, la segunda figura de mayor importancia para los tibetanos.

Las autoridades chinas lo pusieron entonces en custodia y no se le ha vuelto a ver.

"Está recibiendo una educación, viviendo normalmente y creciendo sanamente. No quiere que nadie lo moleste", dijo un funcionario chino citado por la agencia oficial Xinhua.

La designación de Gedhun Choekyi Nyima como Panchen Lama era "ilegal e inválida", añadió.

Pekín identificó como undécimo Panchen Lama a Gyaincain Norbu, que es representante de la Conferencia Consultiva Política del Pueblo Chino, un órgano asesor del régimen, pero la mayoría de los tibetanos no reconocen su nombramiento.

Norbu ha hecho numerosas apariciones públicas –siempre muy controladas por Pekín– desde que cumplió 18 años.

El décimo Panchen Lama murió en 1989 tras mantener una tumultuosa relación con los líderes comunistas chinos, que lo alabaron un tiempo antes de encarcelarlo.

El Partido Comunista Chino, oficialmente ateo, reiteró su derecho a controlar el proceso de reencarnación en el budismo tibetano en un comunicado. Pero el gobierno tibetano en el exilio considera que son los lamas quienes deben decidir.

La cuestión del nombramiento de los lamas tibetanos cobra una mayor relevancia a medida que envejece el Dalai Lama, que cumple 80 años en 2015, planteando la posibilidad de que Pekín intente designar a su propio sucesor al líder espiritual en el exilio.

El Dalai Lama sugirió en los últimos meses que quizá no se reencarne tras su muerte, unas declaraciones que enfurecieron a las autoridades chinas.