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Curanderos de muñecos

Pacos de hasta 60 años de antigüedad vuelven a la vida en la fábrica de los famosos juguetes en Tacares de Grecia

Apiñados esperan los pacientes a que el médico de turno pase a darles el diagnóstico. Miembros mutilados, cortadas, problemas en la piel y pérdida de ojos son parte de las urgencias que llegan a este centro hospitalario.

Cuando pasan lista todos levantan la mano pues responden al mismo nombre: Paco, los muñecos que con solo mencionarlos evocan un "ay, yo me acuerdo" en boca de más de una persona con la cabeza gobernada por las canas.

El amor que les profesan sus dueños es insuficiente para evitar que el tiempo lesione a estos bebés de mirada fija, cara regordeta y mejillas rosadas.

Sin embargo, no hay enfermedad en estos eternos recién nacidos que Pedro Murillo y su familia no pueda sanar. Además de producir nuevos, reciben antiguos para darles un segundo aire.

Aunque no es el dueño original, don Pedro vivió la época dorada de los muñecos Paco cuando trabajó en la fábrica ubicada en Escazú. Se encariñó tanto con su trabajo que cuando el propietario decidió ponerle candado al local, él le compró un cuarto de la maquinaria y se la llevó a Tacares de Grecia para continuar con la tradición.

A este taller llegan pacientes de todas partes del país y de todas las décadas. Señoras sin esperanzas salen con una sonrisa luego de darse cuenta que el mal que padecían sus hijos de plástico no era una enfermedad terminal.

La fábrica se especializa en implantar manos mordidas, en reconstruir ojos y en recuperar la calvicie de los muñecos, sin embargo, no hay padecimiento que se quede sin su adecuado tratamiento.

La llegada de un paciente es un viaje en el tiempo para don Pedro, quien inmediatamente reconoce en un torso la década en la que nació el Paco.

El fabricante relató que en ocasiones los papás de la criatura no quedan satisfechos con el trabajo y ha sido acusado de mala praxis. De la basura ha tenido que recoger partes amputadas porque el dueño siente que no es su muñeco sin la cicatriz o las uñas que pintó en un arrebato de la infancia.

En ocasiones la lista de espera se incrementa, principalmente en diciembre, mes de mayor producción en la fábrica y que obliga a dejar un poco de lado las reparaciones.

Don Pedro indicó que es satisfactorio concluir un trabajo y ver la felicidad de los dueños del juguete, como si sus miradas viajaran en el tiempo y recordaran la primera vez que cargaron en sus brazos al bebé.

Mayor información al teléfono 2458 1284.