Debate para legalizar aborto terapéutico en Chile toma fuerza

polémica​Congreso volverá a discutir tema este martes

Violada por un familiar y con un embarazo problemático, una niña de 13 años no tuvo más opción que llevar hasta el final su gestación en Chile, uno de los siete países del mundo donde el aborto no está permitido en ninguna de sus formas.

Su caso, junto al de Belén, una niña de 11 años embarazada el año pasado tras ser violada por su padrastro, logró remecer a la sociedad chilena y reabrir el debate en torno a restaurar el aborto terapéutico, que este martes volverá a ser discutido en el Congreso.

Hasta 1989 y por más de 50 años, el aborto estuvo permitido en casos de peligro de muerte de la madre o inviabilidad del feto. Pero antes de dejar el poder, el exdictador Augusto Pinochet lo prohibió.

En 24 años de democracia, por la presión de la Iglesia Católica y grupos conservadores, ninguna iniciativa legal para restaurarlo en casos terapéuticos ha prosperado.

Hoy, sin embargo, más del 70 por ciento de la población lo apoya en casos de violación, inviabilidad fetal o riesgo para la madre.

"Hay un cambio cultural muy profundo en el país y la ciudadanía lo va exigiendo (el aborto terapéutico)", dice a la AFP Claudia Dides, del Movimiento por la Interrupción Legal del Embarazo.

El declive de la influencia de la Iglesia Católica -tras casos de pedofilia que involucraron a influyentes sacerdotes- una mayor educación y el inicio más temprano de la actividad sexual estarían detrás de esta transformación, explica la especialista.

Sin otra posibilidad que continuar su embarazo, la niña de 13 años -cuya identidad fue protegida- dio a luz el 5 de noviembre, pero su bebé murió a las pocas horas producto de una cardiopatía.

Belén, por su parte, tuvo su bebé el año pasado y fue entregado en adopción.

Si hubieran abortado, las dos niñas se arriesgaban a hasta cinco años de cárcel, aunque un estudio de la Defensoría Penal Pública señala que ninguna mujer ha entrado en prisión en los últimos años por este delito.

Los jueces les imponen penas alternativas porque consideran que el aborto es una desgracia en sí misma.