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Edad en que delincuencia "atrapa" a adolescentes pasó de los 16 a los 14 años entre 2016 y 2018

​Bandas criminales ofrecen droga, tennis y celulares a muchachos para reclutarlos

La trampa con la que la delincuencia atrapa a los jóvenes ha sido tan efectiva que entre el 2016 y 2018 la edad en que los muchachos se inician en el mundo criminal pasó de los 16 a los 14 años.

El dato se extrae de estudios que ha realizado la Oficina de Planes y Operaciones del Organismo de Investigación Judicial y el viceministerio de Paz, y fue dado a conocer por la presidenta de Subcomisión de Acceso a la Justicia Penal Juvenil, la magistrada de la Sala de Casación Penal, Doris Arias.

La baja en la edad de captación de los menores de edad obedece a una mejor articulación de las bandas criminales para organizarse y atraer a muchachos a sus filas debido a las particularidades que estos presentan; por ejemplo, tienen mayor facilidad para desplazarse sin llamar la atención o levantar sospecha, generan menos desconfianza y, en muchos casos, siguen órdenes sin poner trabas.

Esa explicación la aporta el fiscal adjunto penal juvenil, Omar Jiménez."Son altamente influenciables, además buscan sentirse parte del grupo, ser aceptados", añadió.

#JóvenesEnDelincuencia, el especial de AmeliaRueda.com, reveló que entre el 2012 y el 2016 un total de 156 personas menores de edad fueron condenadas por homicidio y 724 por robo agravado.

Tres factores

La magistrada Doris Arias detalló, por su parte, tres factores fundamentales que hace que los jóvenes incursionen en el mundo del crimen; ella considera que los propios muchachos son los que buscan militar en la filas de la delincuencia para llenar vacíos económicos y socioafectivos.

El primer factor es que los jóvenes viven en extrema vulnerabilidad, lo que los convierte en "terreno fértil" para el hampa, de tal forma, a cambio de droga, un celular o un par de tennis aceptan cometer delitos.

El segundo factor está relacionado con el primero: la vulnerabilidad que viven los muchachos es producto de hogares disfuncionales en donde los propios padres, en muchos casos, también son delincuentes. Arias detalló que investigaciones en poder de la Subcomisión de Acceso a la Justicia Penal Juvenil revelan que la mitad de los progenitores de los muchachos condenados por el sistema de justicia tienen antecedentes penales.

El tercer elemento es la desesperanza: los muchachos no tienen un proyecto de vida, no tiene aspiraciones para el futuro, así que eligen vivir el momento, no tienen conciencia de los riesgos ni del daño que causan.

Más temprano que tarde son atrapados y condenados, antes si quiera de estrenar cédula pierden su libertad.