"El Maracanazo", la tragedia nacional de Brasil que Uruguay quiere repetir

De repente, el silencio... Aquel 16 de julio de 1950, el peso de la historia cayó sobre los 200.000 espectadores del Maracaná, al tiempo que Uruguay se adjudicó la primera Copa del Mundo organizada por Brasil.

Hazaña lograda ante el anfitrión en Río de Janeiro. Esta es la historia del 'Maracanazo', un trauma nacional para los brasileños analizado a través de los elementos de la tragedia dictados por Aristóteles.

Uruguay-Brasil era el último partido de la fase final, considerado entonces como una final oficiosa. La 'Seleçao' sólo necesitaba un empate para llevarse su primer título mundial, mientras que la 'Celeste' estaba obligada a ganar si quería conquistar su segunda corona (el primer título lo logró en 1930, en el primer Mundial).

Friaça abrió el marcador para Brasil en el minuto 47, mientras que Schiaffino igualó para Uruguay en el 66. Ghiggia marcó el gol decisivo en el 79. 2-1 para Uruguay, campeón del Mundo.

Todo Brasil está conmocionado. El presidente de la FIFA, el francés Jules Rimet, entrega rápidamente el trofeo al capitán uruguayo, Obdulio Varela.

Los héroes y los malditos. Ghiggia, único superviviente al día de hoy de los 22 jugadores, realizó un pase decisivo y marcó el gol que dio lugar a la leyenda.

"No tomé consciencia de su impacto hasta algunos años más tarde, cuando comenzaron a escribir libros sobre el tema y venían a entrevistarme", cuenta el ídolo uruguayo a la AFP.

Más que el autor del primer gol, Schiaffino, Varela es el otro héroe uruguayo de la gesta. Fue el 'Gran Capitán', el luchador, el jugador que supo utilizar la euforia brasileña anterior al partido para motivar a sus compañeros.

Por el contrario, Barbosa, el arquero brasileño, fue siempre acusado de haber descuidado su ángulo en el tiro fatal de Ghiggia. Al final de su vida, el exportero decía haber sido el único brasileño que había purgado una pena de más de 30 años (lo máximo permitido por la justicia en el país).

Otro chivo expiatorio fue el lateral izquierdo Bigode, superado en dos ocasiones por Ghiggia.

"Pensé en la muerte, era lo mejor para mí", confesó el exdefensa en el libro Maracanazo, de Teixeira Helder. "Entonces me dije que, incluso muerto, la gente hubiera continuado odiándome".

La expresión de esta tragedia se encuentra en las imágenes, los gestos, las palabras.

La imagen es la de la desenfrenada carrera de 40 metros de Ghiggia. Este sprint pesó tanto en la memoria colectiva brasileña como las imágenes del asesinato de John F. Kennedy para los estadounidenses.

El gesto: Barbosa avanzando porque anticipa el centro, como había ocurrido en el primer gol. Pero esta vez Ghiggia disparó a ras del palo.

La estrella de la 'Seleçao', Zizinho, había avisado a sus compañeros: "¡Los uruguayos se atan las botas con sus propias venas!".

Sin embargo, el más elocuente fue, de nuevo, Ghiggia: "Sólo tres personas han hecho callar al Maracaná: Frank Sinatra, el Papa y yo".