Elecciones a la tica, ¿otra vez?

"La verdad es que no sé si voy a votar", le escucho decir al mesero en el café que estoy.

El tema es recurrente estos días, el sentimiento de desazón también. Si no hay segunda ronda, la campaña electoral terminará el próximo 2 de febrero, pero parece no haber arrancado.

Los políticos repiten las fórmulas de siempre mientras los electores quieren algo diferente. Es claro que los candidatos no están haciendo lo que deben, porque cada vez más son menos quienes planean ir a la urnas.

¿Quién podrá motivarnos? ¿Qué cambios queremos ver?

Esas son dos de las preguntas que les propusimos contestar a nuestras colaboradores de esta semana. Sus respuestas invitan al cambio.

Antonio Jiménez, editor ejecutivo

Necesitamos un tunap

Por Daniel Ulibarri

A 100 días de las elecciones, en medio de campaña política sin brillo, dos preguntas flotan en el caldero donde se cocinan los resultados del próximo primer domingo de febrero.

¿Cuál es la lógica del votante? ¿Cómo descifrar sus

extrañas motivaciones?

El escenario político es un caos. Algunos espectadores reaccionan con indiferencia, enojo y escepticismo, otros con cinismo, y muchos con

incertidumbre y temor. Están los chivas, los cascarudos, los que gastan cerebro, los pura vida, los dispuestos a dar otro chancecito, los que se hacen un colocho, los que cierran el chinamo, los que se ponen los caites y el chonete, los “a mi qué”. En el país más feliz del mundo, pocos están dispuestos a que les metan un diez con hueco pero la mayoría prefiere echarse la soga al cuello y seguir casados con la democracia.

La cosa se puso chueca antes de iniciar oficialmente la campaña electoral. Cuando el doctor Rodolfo Hernández cerró el paraguas (se murió políticamente), chaineó su gabacha y decidió volver al hospital de niños, quedaron en evidencia las fisuras internas en la Unidad Social Cristiana. El apagón no duró mucho, con el pul y el colmillo de Rodolfo Piza, el clavo se resolvió rapidito.

La designación que cada candidato hizo de sus vicepresidentes puso en alerta al electorado.

La nómina de vicepresidentes resultó una oll”e carne típica de la atomización política que como un fantasma asusta en cada partido. Los que antes estuvieron en contra, ahora están a favor de un nuevo mandamás. Jalaron, sin mal de patria ni ideología, y se acomodaron a los tiempos actuales.

“Ydiay!, dicen los candidatos, son tiempos inclusivos”. La respuesta no se hizo esperar: “Qué cancha, qué cáscara, qué carga, qué color, qué agüevazón”.

De feria, la lista de futuros diputados puso el dedo en la pantalla del despelote. La lucha de tendencias internas reaparecerá en el congreso en el próximo cuatrienio y la gobernabilidad esperará un toque.

¿Tuanis? ¡No jodás, necesitamos un tunap!


Daniel Ulibarri es un actor, conductor televisivo, periodista y productor audiovisual costarricense. Ulibarri es creador, actor y conductor de @LaMalaPalabraTV.

"Don Patricio Carambolas tiene malas intenciones"

Por Denise Duncan

"Baile y son de don Patricio Carambolas es una farsa política de meneo de caderas, que habla de corruptos y corruptelas, de un pueblo que quiere algo mejor pero que parece no saber cómo conseguirlo. Es un alegato divertido que intenta preguntar qué somos desde la práctica de nuestro ejercicio democrático de voto y participación, pero sobre todo es una obra que los hará pasar un buen rato de la cabeza a los pies".

Baile y Son de don Patricio Carambolas se estrena en el Teatro 1887 el 21 de noviembre, a las 8 p. m.

Denise Duncan es una dramaturga costaricense y directora de teatro radicada en Barcelona.

Goma electoral

Por Felipe Castro Truque

Desde que inicié mi educación ciudadana en la calle junto al proyecto ChepeCletas he descubierto datos muy curiosos de la ciudad en la que crecí, de nuestra capital, San José. Por ejemplo, aprendí que una de las edificaciones más grandes es la que fuera la Fábrica Nacional de Aguardientes, luego de Licores (FANAL). Ojo el dato, ¡la sede de nuestro Ministerio de Cultura mide unos 15 mil metros cuadrados y acogió una de las industrias más grandes del país!

El licor fue y sigue siendo un gran negocio del Estado costarricense (a pesar de que nos mientan en decir que esta empresa estatal tiene pérdidas económicas…nada más lejano a la realidad) y parte central de

nuestra cultura. Tan es así que ya a los ticos no nos da goma casi nada, salvo las elecciones presidenciales. Cada cuatro años ejercemos un voto de desconfianza, marcamos con una X en la casilla de un individuo y un grupo de personas agremiadas en “partidos políticos” de los cuales no confiamos. Y les damos miles de millones de colones…para que hagan un fiestón.

Sinceramente, no estoy esperando mucho de la contienda electoral del 2014. No sé ustedes pero, ¿una fiesta electoral? ¿A dónde? Difícil celebrar en un ambiente así. No hemos cambiado de constitución política hace más de 60 años… y no es que todo en ella esté mal, pero, ¿por qué no hacer una mejor? Seguimos en el mismo proceso electoral de lo que parece siglos. Hay teléfonos inteligentes cada seis meses, pero a las tradiciones y vínculos sociales legalmente vinculantes, sólo parches les ponemos.

No ahogamos el contrato social en guaro, sino en corrupción. Son las mismas elecciones, las mismas reglas electorales y de servicio público. Así, los partidos políticos y algunos actores clave en el mundo de los negocios están montados en la carreta del confort. Ahorita tienen muchos privilegios; los gobernantes pueden asignar puestos como beneficios políticos, los empresarios y un par de medios de comunicación pueden asignar gobernantes. Saben cómo funciona y lo usan a su favor, no tienen un incentivo real para cambiar.

Son los que tienen más poder a los que menos les interesa el cambio de rumbo, en la debilidad más grande del sistema, en estas reglas de juego, radica su fortaleza más grande. ¿Quién los hará hacer cosas diferentes si no participamos activamente? Así se detuvo Crucitas, así logran resultados los taxistas, porteadores y otros grupos gremiales y, finalmente, en esta atomización social donde cada uno jala para su saco, se termina regulado para minorías y privilegiados, y no legislando para construir un país…

¿Sería mucho pedir que en vez de que el TSE regale miles de millones de colones de nuestros impuestos en deuda política a partidos con cuestionamientos éticos y económicos, destinen este presupuesto a crear un Centro de Campaña Electoral, donde esté disponible toda la información que necesitamos acerca de candidatos, sus equipos y personas que asignarán en juntas directivas de las instituciones públicas? Para el escenario de la calle, ¿por qué no recurrir a Plazas Públicas y que los interesados vayamos? A lo mejor mi idea es malísima pero, ¿por qué no cambiar el sistema actual por uno más eficiente y menos costoso para todos? Innovación política: no es un término nuevo.

La democracia, en la era de la información necesita de una sociedad activa, una democracia transparente y participativa que DECORE al país; o sea, que participemos en la Definición, Ejecución, Control y REformulación de nuestra propia política pública. Implementar algo así, eso sí sería innovador y revolucionario. Islandia lo está haciendo.

Mientras tanto, seguimos en la misma campaña con carretas pero sin bueyes, ahora se toman más fotos y se hacen comentarios más superficiales, los chismes se esparcen más rápido y es más divertido burlarnos de nosotros mismos. Comienza el circo electoral, el chiste más grande del pueblo. De por sí, lo pagamos nosotros. Cultura y guaro. Montados en la carreta desde 1856.

Felipe Castro Truque es director de comunicación del Centro de Intercambio de Conocimientos, un proyecto de VIVA Trust, para emprendedores sociales en Latinoamérica. Colaborador de la Fundación Latinoamérica Posible.

Ya basta

Eduardo Brenes es diletante profesional con de-formación en leyes. Fundador del Partido del Sol de Santa Ana, de cual fue su Presidente por cuatro años.

Actualmente se desempeña como Gerente de Protección al Consumidor en la transnacional Western Union.

Eduardo Brenes

Con voz… y, por primera vez, con voto en el exterior

Por Dixie Mendoza

Chicago, EE.UU. Desde que tengo memoria, las elecciones presidenciales en Costa Rica fueron siempre motivo de fiesta y agitación en mi casa. Con mucha nostalgia, recuerdo cuando mis padres, activistas comunales de pura cepa, cada cuatro años recorrían las casas del pueblito guanacasteco donde crecí repartiendo banderas de sus candidatos favoritos. Nunca olvidaré el ajetreo y trabajo intenso del propio día de las elecciones, que iniciaban desde muy tempranas horas de la madrugada y concluían hasta que se hubiera contado el último voto emitido. Los vi salir muchas veces victoriosos y otras tantas derrotados; siempre convencidos de que la participación electoral era la única forma de lograr cualquier cambio. Mi papá lo hizo hasta el día de su muerte y mi mamá, a sus 74 años, todavía no hay quien la pare.

Esta imagen, aunque pintoresca e idealista, distorsionada acaso por el paso del tiempo y la distancia, contrasta abiertamente con la que me producen los reportes de abstencionismos en las elecciones presidenciales en Costa Rica, cada vez más en crecimiento. En las elecciones de 1998, el abstencionismo pasó del 20% al 30%; en el 2002 alcanzó el 32%; en el 2006, 35%; en el 2010, 32% y para el 2014, se teme que éste sea aún mayor.

Cualquiera que sea su causa o causas –apatía, descontento, falta de convencimiento de los candidatos y decepción por malas gestiones y actos de corrupción, mencionadas como las principales—, el abstencionismo, desde mi punto de vista, es una práctica que deslegitima el derecho a reclamar mejores resultados a los funcionarios públicos; a pesar de que algunos lo entiendan incluso como una forma negativa de participación electoral.

En el XIX Informe Estado de la Nación, dado a conocer el pasado 12 de noviembre, entre muchos otros hallazgos, queda claro el evidente deterioro cultural de la sociedad costarricense; lo cual, según el informe, fomenta la creación de mitos como el del “país excepcional, ” en donde se espera que los problemas se arreglen solos –casi por arte de magia, agregaría yo. Nadie duda de la desigualdad económica y social que vive el país, pero muchos desaprovechan el instrumento más valioso que tiene una democracia para demandar un cambio: las urnas electorales.

Las campañas electorales son precisamente la antesala para que los distintos actores: electores, candidatos, medios de comunicación tradicionales y modernos cumplan con la parte o papel que les corresponde desempeñar en la autoevaluación que se debe hacer en el país cada cuatro años.

Es un hecho que los candidatos a distintos puestos tienen su agenda política, una frase, o un mensaje que desean repetir una y otra vez y que buscarán todas las oportunidades para que los periodistas y medios sean su caja de resonancia.

Por eso, los tiempos actuales demandan que los comunicadores contextualicen e interpreten los hechos, investiguen historias y chequeen datos, yendo más allá de la típica nota periodística del candidato que visita un lugar en particular o asiste a un evento. ¿Es cierto o no lo que dijo X en el debate? Si prometió esto o lo otro, ¿cuál es el costo de lo que ofrece? ¿De dónde va a sacar los fondos para costear lo propuesto? Si quiere ser diputado por segunda o tercera vez, ¿cómo fueron sus gestiones anteriores? ¿A qué grupo (s) sirvió, entonces, y a quiénes beneficiaría ahora?

En el caso de las próximas elecciones presidenciales, exponer y desmenuzar los resultados de las últimas encuestas son importantes para llevarle el pulso a cualquier elección, pero no es suficiente. Quedarse en las notas reiterativas en que no hay mucho de donde escoger, es un ejercicio que tiene pocos beneficios prácticos. Si todos los que están son los que son, entonces, a estas alturas del partido –si se permite la analogía con el fútbol-- las energías deben concentrarse en escudriñarlos desde todas las aristas posibles, para que el elector haga la mejor elección posible dentro de la oferta existente.

¿Cuál candidato tiene mayor capacidad de liderazgo (poder de negociación, de establecer coaliciones para que los proyectos importantes que tengan que aprobarse se aprueben, de reposicionar a Costa Rica en Centro y Latinoamérica)? ¿Cuál es y ha sido su comportamiento ético? Y no tiene nada que ver en que si va a misa y/o comulga todos los domingos. Tiene que ver con cuál y cómo ha sido su paso por la función pública, si él o sus colabores más cercanos han enfrentado sospechas o cargos de corrupción; si han sido coherentes en lo dicen que van a hacer y lo que han hecho, pero sobre todo si en honor a la transferencia en la función pública, están dispuestos a hacer de conocimiento público sus declaraciones de la renta, para conocer realmente cuáles son sus posesiones, en caso de que fueran electos.

En pocas palabras, de la misma manera en que pienso que votar más que un derecho es una responsabilidad ciudadana, también creo que el voto lo deben recibir sólo los candidatos que sin reservas han permitido un escrutinio profundo de la prensa y el público. El próximo 2 de febrero estaré entre los 12,654 costarricenses que por primera vez podrán votar en el exterior por el candidato presidencial de su preferencia, pero todavía no tengo todos los elementos de juicios para decidirme por quién.

Dixie Mendoza es una periodista costarricense y ciudadana estadounidense, radicada en Chicago desde hace 14 años. Ha trabajado como comentarista y corresponsal para AmeliaRueda.com durante las elecciones presidenciales de los Estados Unidos de 2008 y 2012 y como periodista independiente para Telemundo Chicago, CNN en Español Radio, Hispanic Information & Telecomunications Network y Hoy del Chicago Tribune, entre otros.