En Turrialba impera la calma tras erupción del coloso

testigosMayoría de vecinos aseguran que no escucharon explosión y se enteraron a través de los medios de comunicación

María Emilia Méndez vive a cinco kilómetros del volcán Turrialba, en el pueblo La Pastora. La mañana de este jueves cuando se levantó para llevar a su hijo a matricular a la escuela de la comunidad no se imaginó que a la vuelta de su casa había todo un despliegue policial que impedía el paso hacia el coloso, sin ni siquiera saber lo que había ocurrido.

Así como Méndez, los vecinos de los pueblos más cercanos al volcán Turrialba, como Santa Cruz, La Pastora, y Santa Rosa, afirman no haber escuchado ningún estruendo en horas de la noche del miércoles, y que se dieron cuenta de la erupción a través de los medios de comunicación o de amigos que viven en las faldas del volcán.

Este jueves los negocios funcionaron con normalidad, las escuelas abrieron pero por precaución cerraron poco después. En las plazoletas jugaban los niños, y más de uno se fue a hacer los mandados a caballo. La ceniza y el olor a azufre no se percibía en ninguna de estas tres comunidades.

En La Pastora, donde las autoridades de la Comisión Nacional de Emergencias (CNE) y la Fuerza Pública cerraron el paso hacia el volcán, el jefe de emergencias de la CNE, Lidier Esquivel, dijo que 11 personas habían sido evacuadas a un albergue en el salón comunal de Santa Cruz. Pero en el albergue no había nadie, sólo una cocinera que preparó alimentos para evacuados que nunca llegaron.

"No hemos escuchado ni ha llegado olor a azufre", expresó María del Rosario Pereira, vecina de Santa Cruz, quien llamó a un amigo suyo en el sector denominado La Central, en las faldas del volcán. El sí escuchó el estruendo y vio caer ceniza en esa localidad, aislada por la CNE y la Fuerza Pública.

Minor Coto, vecino de Santa Rosa, dice que se hizo más bulla de la cuenta. "Es preocupante, pero no para tanto", aseveró el turrialbeño.


Javier Ulloa, es uno de los vecinos de La Central que escuchó la explosión, se levantó y vio la lluvia de ceniza.

Luego de eso se encomendó a Dios y siguió durmiendo, según narró.

A pesar de ser la erupción más grande en este volcán desde 1866, la vida cotidiana no se alteró.