En un Brasil desolado, Argentina y Holanda buscan esta tarde el otro pase a la final

Argentina y Holanda, dos potencias del fútbol, disputan la tarde de este miércoles en Sao Paulo el segundo boleto para la gran final del Mundial 2014, donde espera Alemania, que le dio un golpe histórico al anfitrión Brasil y sumió al país del fútbol en un profundo dolor.

El partido en el Arena Corinthians se jugará en medio del fuerte impacto que causó en Brasil el duro cachetazo asestado por Alemania con su humillante goleada 7-1.

La albiceleste tiene que sortear el duro escollo holandés en el estadio Arena Corinthians de Sao Paulo, en un duelo de fuerzas sumamente equilibradas y con dos jugadores de excepción como Lionel Messi (Barcelona) y Arjen Robben (Bayern Munich) que han alcanzado los máximos logros con sus clubes pero están en deuda con sus selecciones.

El holandés fue subcampeón en Sudáfrica-2010, en la tercera final perdida por la Oranje por otras tantas jugadas.

Los entrenadores tienen planes diferentes para intentar neutralizar a las máximas figuras rivales.

El argentino Alejandro Sabella prevé darle atención personalizada a Robben señalando que con el veloz delantero hay que "tener un cuidado especial", mientras que el holandés Louis Van Gaal sostiene que Argentina no es solo Messi.

"Estamos jugando contra Argentina. Yo cuando preparo a mis jugadores, hablo de equipos y no de individualidades. Tenemos un plan contra Argentina", señaló el seleccionador holandés.

En cambio, 'Pachorra' Sabella, que ha optado en cuartos de final por un esquema más cauteloso ante Bélgica (1-0), sostiene que el atacante naranja "es un jugador bastante desequilibrante en el uno contra uno así que hay que tener un cuidado especial".

Sin favoritos

Van Gaal asegura que el favoritismo se lo reparten ambos seleccionados mitad por mitad.

La paridad de fuerzas es tal en los papeles que mientras Argentina pierde por lesión a Angel Di María, tal vez su segunda figura, su contraparte, el delantero Robin Van Persie, la otra figura holandesa, puede ser baja por problemas intestinales.

Argentina-Holanda, uno de los clásicos de los mundiales, se vieron las caras cuatro veces desde Alemania-74, incluyendo la final de Argentina-78 ganada por el local (3-1) y los cuartos de final de Francia-98 donde se impusieron los naranjas.

La albiceleste es ahora la única selección en liza para defender el invicto latinoamericano en seis mundiales disputados en la región.

Pero a Brasil, ya humillado por la goleada alemana, eso ahora le importa muy poco.

Tristeza não tem fim

El país del fútbol, pentacampeón mundial, está sumido en un estado de profunda tristeza y decepción, tal vez orillando otro trauma por el orgullo nacional mancillado por segunda vez en su propia casa, tras el Maracanazo de 1950.

Esa catástrofe deportiva, en un país donde el fútbol es religión, despedazó el sueño de 200 millones de brasileños que se prepararon para celebrar a lo grande la sexta corona, la primera en casa. Queda por ver si la cuchillada alemana abrirá heridas profundas en el orgullo de un país que toma al fútbol como medida de sus éxitos.

"Vamos a estar marcados por el resto de la vida por un 7 a 1, un resultado que acabó con nuestro sueño y el de todos los brasileños", resumió el zaguero Thiago Silva.

El portero Julio César señaló lacónicamente: "explicar lo inexplicable es muy complicado".

Lo inexplicable es el resultado tan amplio, impensable, pero no es tan complicado explicar que Brasil nunca jugó bien en el Mundial, incluso con Neymar.

Pero sin el joven maravilla, único talento de la seleçao, una derrota ante la poderosa Alemania estaba dentro de cualquier cálculo.

La verdeamarilla de Luiz Felipe Scolari nunca se pudo recuperar del golpe anímico que significó la salida por lesión de su líder y por lejos su mejor jugador, autor de cuatro goles en cinco partidos.

A la seleçao le queda el mínimo consuelo de jugar por el tercer puesto en Brasilia y que su rival sea Argentina, para evitar que se repita una posible segunda humillación el domingo próximo en el Maracaná.