Estadio, familia y propiedad

Liga Deportiva Alajuelense 0 - Deportivo Saprissa 0

Con las vestiduras remendadas –después de rasgárselas el domingo pasado– volteó la mirada hacia el Estadio Nacional ese monolito de los medios + la-opinión-pública. En el monolito se identificaban dos bandos bien diferenciados: unos radiantes de alegría por ambiente de camisas blancas con eslóganes de familia tradicional y otros cabreados por la asignación de policía estatal a un evento privado. Dos bandos parados en la misma acera. Son de los mismos.

Estadio, familia y propiedad –para parafrasear a un señor barbudo– es lo que parecía pedir el monolito bien pensante.

La atención de la semana puso el rayo láser en cómo culpar a las barras completas por los actos de unos delincuentes. Más allá aún y, digámoslo con todas las letras, sobre cómo prohibir entrar a los estadios a una clase socioeconómica entera.

El monolito quiere faldas adentro: como si los equipos no tuvieran nada que ver con las barras bravas; como si buena parte de la responsabilidad de los actos del domingo anterior no fuera de los equipos, de la administración del estadio y de la policía (aunque a los necios les moleste, el fútbol es –en esencia y en efecto multiplicador– un evento público).

Editorial aparte, hablemos del partido. Un primer tiempo acelerado, favorecido por esa gramilla natural tan bien cuidada del Nacional. ¿Cómo se siguen cuestionando las ventajas –futbolísticas, claro– del zacate frente al polímero?


El Deportivo Saprissa fue el dueño del balón por buena parte de la primera mitad. Si bien se mantuvo mucho tiempo el balón en todas las zonas de la cancha donde no hay peligro. De esos minutos, uno recuerda a Machado con sus saques de banda como hechos con el pie.

Saprissa dominaba y era inevitable pensar: el Nacional será de todos pero queda en San José. Los morados manejaban la pelota a ras del suelo, mientras que la Liga apenas respiraba con pelotazos largos impulsados más en la esperanza que en la estrategia.


Al 20”, los rojinegros empezaron a levantar. La LDA se rescata y recuerda que es un Clásico. Y desde aquí el encuentro se convierte en una lucha de linajes. Lo que todo el mundo espera. Los periodistas dejaron de congraciarse del status quo, las cámaras dejaron de enfocarse en las camisas blancas de los cursis y vimos un rato de fútbol.

Jugadas de balón parado de la Liga, al 26” Kenner G dejando pasar un balón entre las piernas que se convertía en jugada de peligro. Al 33”, Colindres cabeceando en el área frente a Pemberton y devolviendo a los morados a partido. Luego Guzman, el de Saprissa, dos minutos después poniendo en aprietos a la zaga manuda.

Los últimos diez minutos del primer tiempo fueron un ida y vuelta digno del Clásico.


La segunda mitad arrancó con una Liga que a los 47” ya tenía dos llegadas de alerta para la defensa morada. Una de ellas, un palo-palo-palo horizontal de la frente de Kenner Gutiérrez.

Saprissa no se arrugó y respondió con velocidad y desdobles horizontales. El partido seguía veloz y tirado, cada uno, hacia el marco contrario.

Luego todo se fue empantanado en las zonas de la cancha que no hacen ponerse de pie a nadie en las tribunas. Y así, hasta los 90 minutos, sumando faltas, fraccionando las acciones, apagando las cornetas, llegamos al final del partido.

Fotografía: Liga Deportiva Alajuelense