Familiares de víctimas de tragedia aérea desesperados por información

conmoción​Socorristas, psicólogos y trabajadores sociales acompañan a allegados

Con semblante abatido o lágrimas en los ojos, allegados de las víctimas del accidente del A320 de la aerolínea alemana Germanwings, que se estrelló este martes cuando volaba de Barcelona a Düsseldorf, acudieron al aeropuerto español en una búsqueda desesperada de noticias.

"Estamos esperando alguna información", dijo muy afectado Manuel, amigo de dos víctimas de las que no quiso dar su apellido. "Eran un compañero del comité de empresa y un directivo" que viajaban a Alemania para una reunión, afirmó casi sin palabras.

El primero "estaba a punto de jubilarse", lamentó otro amigo frente a la sala habilitada para recibir a las familias.

Allí, nueve miembros de la Cruz Roja -psicólogos, trabajadores sociales y socorristas- se esforzaron por acompañar a los allegados ante la tragedia.

"En estas situaciones la gente vive momentos de incerteza, cuando se le comunican las noticias tienen momentos de duelo, de trauma y nosotros intentamos minimizar en la medida de lo posible", explicó su portavoz, Irene Peiró.

Al mismo tiempo, la policía científica tomó muestras de ADN para permitir una rápida identificación de las víctimas.

Decenas de personas acudieron al aeropuerto de El Prat tras el anuncio del accidente del vuelo 4U9525 de la aerolínea Germanwings, una filial de bajo costo de la alemana Lufthansa, que había despegado de Barcelona con destino a Düsseldorf y 150 personas a bordo.

Varios de ellos se acercaron buscando información a un mostrador de Swissport en el que tres empleadas atendieron en nombre de varias aerolíneas de bajo costo, entre ellas la alemana.

Tres parejas y cuatro hombres solos, visiblemente conmocionados, intentaron conocer lo ocurrido en un accidente en que, según las autoridades francesas, no hubo supervivientes.

Las escenas de tristeza se repiten.

Un hombre de unos sesenta años, elegantemente vestido, trató de ocultar sus lágrimas tras unas gafas redondas. Otro, en la treintena, miró fijamente el suelo, negando con la cabeza como si no quisiera creerse la catástrofe.

Imagen: i2.mirror.co.uk