Feio Horizonte

Alemania 7 – Brasil 1

Goles: Tomas Muller (11”), Miroslav Klose (23”), Toni Kroos (24”, 26”), Sami Khedira (29”), Andre Schurrle (89”, 79”),

Oscar (90”)

Al minuto 11 del partido inaugural del Mundial, Marcelo anotaba en su propio arco. Un hecho inédito en la historia del fútbol, abrir un Mundial con autogol. El anfitrión empezaba perdiendo contra Croacia en el Arena de Sao Paulo. Luego Fred iba a fingir un penal frente a decenas de cámaras y el ojo del mundo, se nivelaba así el marcador que luego terminaría 3-1 a favor de Brasil.

Si las cosas fueran señales, ahí teníamos una clarísima.

Lo de este martes 8 de julio en el estadio Mineirao de Belo Horizonte (Bello Horizonte, nunca más irónico el nombre de una ciudad) marca la historia en dos direcciones, con signos contrarios para cada equipo involucrado. Carnaval para unos, ruina para otros.

Y es difícil unir las palabras carnaval + alemán, pero esta vez hay que hacerlo. La Selección de Alemania terminó de sepultar al último eslabón de una cadena de selecciones brasileñas que –prácticamente por escrito y firmado- habían abandonado la esencia de su fútbol. No importa jugar bonito, importa ganar, han repetido por años entrenadores y jugadores brasileños. Lo malo de esa máxima resultadista es cuando la ecuación se multiplica por menos uno: jugar feo y perder. O su peor escenario: jugar feo y perder por goleada en tu casa, en tu Mundial.

Para muchos críticos, las Copas del 94 y del 2002 pertenecen a ese otro Brasil que se alejó del jogo bonito (visto por última vez en el mundial en España 82). Copas sí, pero sin identidad.

Le correspondió a la Selección de Alemania derrumbar furiosamente el espejismo de los brasileños. Los alemanes que, por otra parte, siguen apegados a su estilo: orden, visión y ofensiva. Con una maquinaria bien aceitada, disparando a matar desde el inicio, los alemanes cubrieron con un manto de silencio al país entero. En 26 minutos de juego ya había convertido la alegría en desesperación, la latidos 200 millones de corazones en un conteo regresivo.


Al minuto 11, mismo minuto en el que el 12 de junio Marcelo abría el Mundial con gol en contra, Thomas Muller batía a Julio César, después de un córner que lo encontró desmarcado en el área. De allí en adelante fue todo una boca del mundo que no paraba de abrirse. El planeta fútbol presenciaba un giro violento de su historia, lo vimos en vivo. Las imágenes que mostraban los paneos de las cámaras a las graderías del Mineirao eran elocuentes, como lo era lo que que se comentaba en esa otra realidad, la virtual.

Fueron muchas anotaciones, fue una selección alemana de alta precisión, milimétrica, potente, arrolladora, sturm und drang, la tormenta y la furia. La Alemania del estereotipo, la que apenas celebra sus goles, la que apenas se despeina.

Para Brasil será borrón y cuenta nueva. Para Alemania todo pinta bien.

Uno de ellos, Holanda o Argentina, será el rival de los alemanes en la final. ¿Qué pensarán hoy?