Guatemaltecos honran a los muertos de la violencia y la guerra en día de los difuntos

TradiciónCon ​39 homicidios por cada 100.000 habitantes, es uno de los países más violentos del mundo

Sentados entre tumbas cubiertas de cal, ramas de pino y flores de amarillo intenso, Pascuala y Vidal reviven el dolor honrando a sus muertos: su primogénito murió torturado y ahorcado en la guerra guatemalteca y a un nieto lo mataron no hace mucho en la violencia criminal.

"No podemos dejar a nuestros muertos, no los vemos pero su espíritu está con nosotros", dice Pascuala Sol, acomodándose el poncho sobre el colorido huipil que vistió este sábado con una falda morado y una trenza anudada sobre su cabeza.

La delincuencia común, el narcotráfico y las pandillas en Guatemala se traducen en una tasa de 39 homicidios por cada 100.000 habitantes, que le da un lugar poco honroso en las estadísticas mundiales. Junto con Honduras y El Salvador, es de los países más violentos del mundo.

En la época de la cruenta guerra que enfrentó al Ejército y a la guerrilla entre 1960 y 1996 se murieron 200.000 personas y 45.000 desaparecieron, la mayoría de los crímenes atribuidos a los militares.

En el cementerio de Sumpango, enclavado en una colina, miles adornaron las tumbas con flores multicolores, quemaron incienso, prendieron velas y oraron por sus muertos, como hicieron casi todos los guatemaltecos.

El pesar se mezcla con el festejo. Coloridos cometas gigantes elaborados por indígenas vuelan en las ciudades mayas de Sumpango y la vecina Santiago Sacatepéquez, ambos de entre 25.000 y 30.000 habitantes, para cumplir un festival de centenaria tradición.

Cuentan los lugareños que sus ancestros empezaron a elevar cometas en estos poblados indígenas para que el sonido del choque del aire y el papel ahuyente a los malos espíritus.