Heredia: cuando el rival es el miedo

Liga Deportiva Alajuelense 3 – Club Sport Herediano 1

Goles: Dave Myrie (61”), Johan Venegas (83”), Alejandro Alpízar (89”), José Guillermo Ortiz (94”)

Heredia volvió a perder los papeles para darle la razón a las estadísticas, a las predicciones y a su propio terror. Los diez minutos iniciales fueron atropellados, con avances de novio primerizo que no sabe en dónde poner las manos cuando tiene permiso para usarlas. La Liga, por su parte, entró a la cancha con paso firme y la certeza de tener el resultado en la bolsa. Pero durante la primera mitad, no vimos ni chicha ni limonada.

Heredia le apostó al pelotazo y el contragolpe contra una Liga que sabe aprovechar las bolas paradas. El Mambo, al lado de Leandro Barrios, hizo lo que pudo con un balón alocado sobre suelo resbaladizo, mientras que una defensa endeble y una media cancha paralizada le regalaron el dominio de la pelota a los rojinegros por el resto de la primera parte.

Los manudos cayendo de a tres sobre una delantera herediana insegura y poco precisa dieron el resultado esperado: nada, nada, nada.

En los primeros minutos, las propuestas se fueron perfilando: frustración en Heredia, faltas tontas, violencia innecesaria (todos errores de principiante); contra una Liga relativamente segura de sí misma, esa que hemos visto en las últimas jornadas: la que deja todo para el final.


Al 25” de la primera mitad, el árbitro Jeffrey Solís comenzó a repartir amarillas y rojas para que el juego no se le saliera de las manos. Y le funcionó: luego de la expulsión de Porfirio López y la inexplicable tarjeta roja a Yendrick Ruiz, el juego retomó un poco su cauce.

Dos de las figuras clave del partido, Dave Myrie y Jonathan McDonald también fueron víctima de la repartición salomónica del señor Solís, quien le agarró el gusto al tarjetazo para bien de un partido que se pudo ir al traste entre malacrianzas y juego sucio.

Heredia terminó la primera mitad con un plantel agotado. Bolas pasadas, tiros desviados, pases errados: todos los errores en un solo paquete, como quien confirma que en semifinales, la Liga no ha perdido un solo partido contra Heredia siendo local. Hacia el final de la primera mitad, fue claro que Heredia, con sus faltas de tiro libre, pedía a gritos un gol que la Liga se negaba a hacerle. Los equipos se fueron al camerino en ceros, y para Heredia apenas comenzaba la noche triste.

El segundo tiempo inició más animado, con dos equipos que ya se habían acostumbrado a la idea de jugar diez contra diez y una estrategia un poco más armada. El reemplazo de Mambo Núñez por Andrey Francis no cobró sentido hasta que el técnico Méndez terminó su tripleta de cambios: la entrada de Cancela y Díaz le dieron un respiro en la media cancha a un equipo que se vio forzado a reformular su dudosa estrategia de la primera mitad con la salida inesperada de Ruiz.

En el otro extremo de la cancha, el guardameta Cambronero decidía que la bola estaba hirviendo y que por nada del mundo la iba tocar.

Al minuto 15 de la segunda parte, acabamos por darnos cuenta de que McDonald ya conocía de cerca toda la gramilla del Morera Soto, y el rostro desesperado del jugador casi logró convencernos de que el árbitro Solís la tenía contra él. Pero la figura del jugador solo contra el mundo no estaba reservada para Jonathan la noche de hoy.

El esperado gol llegó, de manera sorpresiva, en un avance de costado del equipo herediano. La reestructuración del equipo, que formuló una improvisada línea de cuatro para tratar de ordenar sus filas, le ofrecía a Dave Myrie la posibilidad de hacer algunos estragos por la lateral. Lo que parecía un centro, fue desviado en el camino y se convirtió en la esperanza de los rojiamarillos de pasar a la final. Pero a Heredia le cuesta creérsela. Por siempre jamás. Aún con la contundencia en la ejecución (su único tiro a marco resultó en gol), el Team decidió desordenarse y regalar el milagro, para que la Liga hiciera una vez más lo que mejor sabe: ganar a leñazos.


Los cambios del cuadro rojinegro terminaron de escribir la historia. Aunque Heredia trató de ponerle candado al portoncito de su área chica, los embates de la Liga terminaron de minar la confianza de los florenses. La entrada de un Alpízar desbocado, terminaron de esconder al Herediano debajo de las cobijas: la pesadilla volvía a comenzar.

Hacia el 40” de la segunda mitad, Heredia terminó de ponerle el juego en bandeja de plata a una Liga que iba creciendo minuto a minuto. Ya se sabe lo que dice el viejo refrán: el que perdona pierde. Sobre todo si el que perdona se descuida y comienza a regalar bolas muertas. El primer gol de la Liga llegó cortesía de un balón parado desde tiro de esquina, ejecutado por Alpízar y consumado por un cabezazo limpio de Venegas. Luego de eso, fue el llanto y el crujir de dientes para el Herediano.

No pasaron cinco minutos antes de que los manudos terminaran de rematar el partido, con Alejandro Alpízar ejecutando una pieza impecable, de goleador, de esas en las que lo demás es ruido y lo único que importa es la belleza del fútbol. El gol de Ortiz en la reposición fue el golpe de gracia de una Liga que sabe desbocarse hacia el final, esa que, como bien dice el Macho Ramírez, tiene su ritmo y con ese ritmo se ha echado torneos a la bolsa como dedos tiene una mano. Del otro lado de la cancha, quedó Heredia destrozado: el equipo que decidió jugar contra el miedo en vez de jugar contra su rival. Y perdió en el intento.