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Héroes silenciosos: los voluntarios del hospicio de huérfanos

​Ayudan y dan afecto sin tomarse "selfies" ni inventar hashtags en Twitter

En el Hospicio de Huérfanos de San José por cada cinco pasos caminados se recibe un abrazo. Los encargados de tal desprendimiento de afecto son los niños y niñas residentes.

Parlanchines, inquietos, sonrientes y muy cariñosos, así son los pequeños que por disposición del Patronato Nacional de la Infancia –con el argumento de proteger sus derechos e integridad– fueron separados de sus padres y puestos bajo el cuido del hospicio, institución que data de 1869.

El centro, administrado por una fundación, se ubica en Ipís de Goicoechea. Allí hace mucho frío, pero el ambiente es cálido, no solo por los chicos, sino por los trabajadores y, en especial, por los voluntarios.

Son estudiantes, profesionales, muchachos y adultos que destinan al menos una tarde de su semana para poner en práctica el concepto de solidaridad y amor al prójimo.

Lo hacen en silencio, sin jactarse de su bondad, sin tomarse "selfies" ni crear hashtags para volver virales sus historias en Twitter.

Algunos lo hacen en forma directa, como Susana Pérez, una estudiante de Trabajo Social que realiza talleres de control de emociones y actividades recreativas con los niños; otros de forma indirecta, tal es el caso de Andrés Arce, un criminólogo veinteañero cuya labor consiste en realizar la verificación de las cámaras de vigilancia, es decir, revisa los videos para analizarlos y preparar informes de seguridad.

También están los que echan un empujón al hospicio y al mismo tiempo construyen valores en los niños; así lo hace el agrónomo Gabriel González, quien junto a los chicos desarrolla proyectos agrícolas y avícolas.

Ellos son héroes silenciosos cuyas armas son el afecto y la esperanza.

Más información:2229-4197