No hay conexión a internet 
Gira el telefono para mejorar navegación

¡Muchas gracias!

Hemos notado que nos visitas regularmente, por lo que nos interesa conocer tu opinión de que mejoras podemos realizar.

Jenny Gómez Jiménez

"¿Por qué estamos tranquilos?": habla hija de mujer que murió en tragedia de ruta 1

​Madre de nueve hijos y abuela de ocho nietos, doña Jenny Gómez Jiménez dejó como legado una estela de entusiasmo y amor al prójimo.

Incansable, luchadora, sonriente, siempre para delante. Así recuerdan familiares, amigos y conocidos a doña Jenny Gómez Jiménez, de 51 años y quien fue una de las nueve víctimas mortales del accidente de bus acaecido el sábado 17 de setiembre en el cerro Cambronero, sobre la ruta 1.

Basta con repasar su perfil de Facebook para confirmar, en los homenajes que muchos allegados y allegadas le profesaron a partir del domingo al final de la tarde, cuando se confirmó que ella estaba entre las víctimas.

Madre de nueve hijos con edades que van de los 11 a los 33 años, y abuela de ocho nietos, la valiente señora, que vivió toda su vida en Abangares y quien se desempeñaba como conserje en el Centro de Alto Rendimiento (CAR) de Liga Deportiva Alajuelense, decidió hace seis meses venirse a vivir a Turrúcares por la cercanía con el trabajo, pero tenía tremenda motivación adicional.

Jenny

Y es que sus dos hijos menores, José Pablo y Juan Pablo, gemelos de 11 años y quienes desde muy pequeños sueñan con ser futbolistas, fueron reclutados en la U-11 de la Liga y ella, resuelta como era, no lo pensó mucho y se vino a vivir cerca del CAR, donde estaban sus chiquitos y otros dos muchachitos que también se trajo de Guanacaste, en compañía de una de sus hijas.

Eso sí, a pesar de lo agotador que podía ser, era habitual que los fines de semana hiciera viaje a su querido Abangares, donde la esperaban su esposo, don William Serrano Matarrita y el resto de la prole.

Al día siguiente, emprendía la ruta de nuevo para reencontrarse con la otra parte de la familia y a primera hora, cuentan sus compañeras de trabajo, ya estaba “poniéndole bonito” a la faena del lunes, siempre con la risa a flor de piel y ni qué decir de los consejos que les ofrecía a quienes le confiaban que estaban pasando un mal momento o una mala situación.

Marcela Serrano, una de sus hijas, conversó este jueves con Ameliarueda.com, ya mucho más serena que el domingo por la noche, cuando habló brevemente con algunos medios en el momento en que se confirmó que doña Jenny estaba entre las víctimas.

De paso, sorprendió una vez más con el fuelle que todos los conocidos de doña Jenny le reconocían, pues además de todas las ocupaciones que tenía formaba parte de un Ministerio de Evangelización Católica, el cual la llevaba a realizar retiros por todo el país. Muchos de sus conocidos durante esta misión espiritual viajaron desde sus lugares de origen para acompañar a doña Jenny en su funeral y sepelio.

“Sí lógicamente lo que vivimos el fin de semana fue terrible, nosotros sabíamos que ella venía para Abangares pero no sabíamos a qué hora ni en qué bus, ya al final de la tarde supimos del accidente y nos inquietamos, empezamos a llamarla al celular y no nos contestaba, le dejamos varios mensajes y veíamos que sí le estaban llegando pero no los leía”, rememora Marcela.

Esposo

Jenny acá junto a su esposo, don William Serrano.

La angustia se acrecentó cuando su papá fue a esperarla a la parada, a las 8:30 de la noche, a ver si venía en algún bus pero el resultado negativo hizo que toda la familia permaneciera en vilo hasta el domingo en la tarde, cuando se les dio la confirmación oficial del fallecimiento de la señora.

“El funeral estuvo hermoso, mucha gente nos acompañó, nosotros somos una familia muy unida y eso nos lo enseñó ella ¿sabe por qué estamos tranquilos, en paz? Porque tenemos la certeza de que ella está en el cielo, y allá debe estar con una nietita que se nos murió a los 10 días de nacida, Luciany Sofía, ahora están juntas en el cielo y nosotros unidos y en paz”, reflexiona la muchacha.

Angustia en LDA

Como es lógico, la alerta de la tragedia y el hecho de que doña Jenny estuviera entre las personas desaparecidas ocasionó una gran desazón entre el personal de Liga Deportiva Alajuelense, tanto por doña Jenny como por sus gemelos, pequeños futbolistas del equipo.

Esta semana, la rutina ha ido volviendo a la normalidad en el CAR, poco a poco. Sin embargo, el recuerdo de doña Jenny perdura entre sus compañeros.

Rodolfo Víquez, gerente general, corroboró los decires de los conocidos de la señora: “Doña Jenny era una persona abnegada a su trabajo, siempre dispuesta a colaborar en cualquier momentos que se le solicitara con gran disposición y siempre con una sonrisa”, dijo a este medio.
Agregó que “siempre mantenía una buena relación con los compañeros de trabajo y en general con todos los muchachos, principalmente porque entendía lo que representaba para un joven estar aquí, lejos de su casa y de sus familias, más que ella estaba acá con sus dos hijos”.

Por su parte doña Wendy Cáceres, compañera de trabajo, afirmó: “Era muy buena compañera, siempre estaba para uno, una vez yo estaba muy triste y ella llegó y me dijo que iba a orar por mí, al final me abrazó y me sentí muchísimo mejor, acá nos hace muchísima falta”… Y puntualizó: “Ella siempre estaba para uno si alguien necesitaba un favor, los chiquillos de la residencia la trataban como una mamá, cuando pasó la tragedia ellos no lo podían creer”.

Familia

Esta fotografía fue la última en la que la familia posó junta, un domingo de fútbol. Foto Cortesía.

Entretanto, Doryan Rodríguez, futbolista que vive en el CAR, dijo:”Doña Jenny siempre nos ayudaba con todo a cada uno de los que vivimos acá en el CAR, cualquier favor que le pedíamos intentaba ayudar… “A todos nos tomó por sorpresa esta noticia tan triste y la vamos a extrañar muchísimo”, dijo el muchacho.

El equipo alajuelense ofreció un mensaje de duelo oficial el domingo por la tarde. Entre las memorias que guardan sus seres queridos y sus compañeros, está la clase de fiebre de “hueso colorado” de la Liga, cuya camiseta vestía con frecuencia y tremendo orgullo.