Iquique, asediada por los temblores, la incertidumbre y el fantasma de la escasez

Sin luz, sin agua, y con sueño, José Gutiérrez, dice que aún no está al borde de la desesperación, pero confiesa que el pánico invadió a sus hijos cuando sintieron crujir el suelo por el sismo de 8,2 grados que el martes 1 de abril sacudió el norte de Chile.

Este jueves, algo más tranquilo, esperaba en una fila que crecía por minutos frente a un surtidor de agua para llenar dos bidones, en Iquique, la ciudad más cercana al epicentro del terremoto, que se encuentra semiparalizada a consecuencia del sismo.

"Es muy difícil esta situación por la que estamos pasando. Dos noches seguidas hemos tenido que salir rápidamente de nuestras casas para llegar a las zonas altas por la alerta de tsunami", afirma.

A diferencia de muchos habitantes que prefieren dormir en las calles, automóviles y sobre la berma central de una avenida en zonas fuera de peligro, Gutiérrez ha decidido pernoctar en su casa del barrio Huaracino, pese a que no tiene luz.

Su esposa Jackeline Yáñez asiente y afirma que "casi no hemos dormido porque nuestra casa está a unos 200 metros del mar y tenemos un ojo abierto".

El martes, tras un terremoto de 8,2 grados en la escala de Richter, casi un millón de personas fueron evacuadas de las costas de Chile por el riesgo de un tsunami, que finalmente fue de baja intensidad.

Gutiérrez, quien trabaja en una empresa minera en la cercana localidad de Pozo Almonte, recuerda que al momento del terremoto estaba trotando con su esposa en la playa.

"De pronto empezó el sacudón que casi nos hizo caer, pero aún así, en lo primero que pensamos fue en nuestros tres hijos de 27, 26 y 22 años", asegura.

"Recién después de una hora me volvió el alma al cuerpo luego de que mis hijos se comunicaron por mensajes de texto mediante celulares", rememora Jackeline.