Isla en el Canal de Panamá se convierte en laboratorio sobre el cambio climático

CienciaComunidad científica internacional la reconoce como sitio de investigaciones biológicas desde hace más de 80 años

Una pequeña isla en la mitad del Canal de Panamá se ha convertido en La Meca de la comunidad científica internacional, que ve en este pequeño paraíso un laboratorio al aire libre para analizar los efectos del cambio climático.

Se trata de Barro Colorado, una isla de 1.564 hectáreas en el lago artificial de Gatún, creado a principios del siglo XX para dar funcionamiento al Canal de Panamá.

La isla, administrada por el Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales, alberga una de las principales reservas de bosques húmedos tropicales de todo el mundo. En la actualidad, se llevan a cabo unos 350 proyectos científicos en el lugar.

"Barro Colorado es probablemente el bosque tropical más estudiado del mundo y nos ha dado muchas ideas sobre cómo estos bosques trabajan en otras partes del mundo", dijo William Laurance, investigador asociado del STRI y profesor en la Universidad James Cook de Australia.

Algunos científicos optan por vivir en el lugar, que cuenta con servicios de laboratorio, estación de investigación, casas de cultivo, insectario, sala de informática y de conferencias.

Otros prefieren acudir regularmente a la isla, situada a unos 40 kilómetros al noroeste de la capital panameña, en una embarcación que sale de un muelle de la pequeña localidad de Gamboa.

"Si a uno le preguntan cuál es La Meca para investigar biología tropical, yo contesto Barro Colorado", dijo Camilo Zalamea, un biólogo y botánico colombiano doctorado en Francia que estudia semillas.

En la isla viven 465 especies de vertebrados, incluyendo 72 especies de murciélagos, además de 500 de mariposas, 400 de hormigas, 384 de pájaros y cinco tipos de monos: araña, cariblanco, tití, aullador y el mono nocturno.

También hay ñeques, tapires, coatíes, tortugas, cocodrilos, saínos y serpientes. Algunos científicos aseguran haber visto incluso venados, pumas y jaguares.

A lo largo de los senderos, el visitante se introduce en un tupido bosque donde hay al menos 1.200 especies de plantas y árboles, que en algunos casos acumulan cientos de años.

Los investigadores realizan distintas mediciones, como la humedad, la altura, el grosor y la respiración de los árboles y el suelo.

Lo hacen mediante un analizador de gas infrarrojo, que se introduce en unos tubos de PVC colocados en el terreno y en la corteza de los árboles, y con un dendrómetro, una especie de cinta metálica colocada en el tronco.

De esta forma buscan determinar el crecimiento de los árboles y cuánto dióxido de carbono libera a la atmósfera este ecosistema.

"Frente al cambio climático, estamos intentando entender cómo el bosque está reaccionando ante las temperaturas y cómo el flujo de carbono varía con la temperatura y la humedad del suelo", explicó la bióloga e ingeniera ambiental Vanesa Rubio.

Según los científicos, debido a la deforestación y a la contaminación ambiental, los bosques liberan una mayor cantidad de dióxido de carbono, un gas causante del calentamiento global.

"El ciclo de carbono ya cambió. Ahora se enloqueció", lamentó Rubio.

Además, para conocer la evolución del bosque, en el centro de la isla hay 50 hectáreas con más de 200.000 árboles marcados y censados cada cinco años.

"Con el cambio climático, la sequía es más fuerte y la temperatura ha aumentando y parece que muchos de estos árboles no lo soportan", dijo Rolando Pérez, un botánico panameño que lleva un cuarto de siglo identificando árboles en la isla.

Pérez manifiesta que no ha disminuido "enormemente" el número de árboles, sino que ha variado "la composición o las especies que no soportan o que sí han sido susceptibles" al cambio climático.

Video Lindblad Expeditions-National Geographic.