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​La comunidad del anillo

Las joyas de Ximena Esquivel reivindican la vida interna de las piedras y las formas orgánicas de la plata

Ximena Esquivel nos recibe en su taller, una pequeña construcción en el patio de su casa donde sus papás solían recibir amigos, al calor de unos vasos con hielo. Aunque ellos no renunciaron a su vida social, Ximena sí se adueñó del espacio familiar, hasta que un día, logró colonizarlo por completo y llenarlo con su colección de drusas, madreperlas y labradoritas.

Hace dos años nació la marca que lleva su nombre, Ximena Esquivel Joyería, por lo que ahora hay nuevos brillos, donde antes solo había whisky en las rocas.

Vista de lejos, su evolución parece inevitable: Ximena pasó de jugar con avalorios a estudiar diseño publicitario, y de ahí, saltó con urgencia a la joyería, donde está instalada como diseñadora y empresaria, ojalá para siempre.

El trabajo la ha convertido en su propia jefa, y no se lo toma con calma. Si trabaja duro, dice, es porque “este es el momento de hacerlo”. Ximena Esquivel fabrica muchas cosas, pero si no hiciera anillos, sus manos sentirían un vacío que ningún arete podría llenar.