Libros tocan puertas en favela de Brasil, territorio hostil a la lectura

Festival​Brasil tiene 13 millones de analfabetos mayores de 15 años y, para luchar contra ello, organiza en Rio una fiesta literaia

Invadieron una favela de Rio de Janeiro, pero esta vez no fue la policía, ni tampoco el narcotráfico. Son decenas de contadores de historias que puerta a puerta entregaron libros para fomentar la lectura en un territorio hostil a este hábito.

Y no sólo en las favelas es extraño encontrar a personas leyendo, es en los buses, metros o cafés de todo Brasil, que tiene 13 millones de analfabetos mayores de 15 años, más de 8 por ciento de la población total.

Millones más –otro 17,8 por ciento de la población– son analfabetos funcionales: conocen letras y números pero no comprenden lo que leen o no saben sumar ni restar.

Un 85 por ciento de los brasileños ve televisión en su tiempo libre, frente a 28 por ciento que prefiere leer periódicos, revistas o libros, según un estudio realizado por la encuestadora Ibope en 2011.

Ana Livia Farias, una pequeña habitante de la favela Babilonia de Rio de Janeiro, en las alturas de Copacabana, es una de ellas. "No sé, no me gusta leer. Prefiero ver tele", dijo esta niña de 11 años, pero al pararse frente a varios cajones de madera llenos de libros, no resistió la tentación de echar un vistazo.

Eran gratuitos, dispuestos para la población de Babilonia y la favela contigua Chapeu Mangueira, que acogieron la Fiesta Literaria de las Periferias (FLUPP) que se organiza en Rio desde hace cuatro años.

La FLUPP se organiza en comunidades pobres de Rio, algunas de las cuales atraviesan un proceso de ocupación policial para acabar con el control que por décadas tuvo el narcotráfico en estas zonas, al menos gradualmente.

El festival incentiva la publicación de nuevos autores como Raquel de Oliveira, que escribió una novela autobiográfica sobre los tres años en que fue la mujer de un poderoso jefe del narcotráfico, hasta que éste murió en un sangriento choque con la policía.

"Existe una literatura negra, femenina, gay, surgiendo en las periferias de Brasil y eso lo considero importante porque trae nuevas voces y renueva la literatura brasileña como un todo", explicó Ecio Salles, uno de los creadores de la FLUPP.

Apagar el televisor

Por las escalinatas de Babilonia, Bruno Silva de Fonseca, de 21 años, sube hasta la casa donde Aurea Elis da Silva (12) vive desde hace seis meses, tras llegar con su familia de Sao Vicente Ferrer, un pequeño pueblo del pobre noreste brasileño.

La modesta vivienda queda al final de un pasadizo húmedo y oscuro debido a los altos muros de las casas vecinas. Al entrar a la pequeña sala, Bruno, que es voluntario en un grupo de contadores de historias de una universidad de Rio, es recibido por un gigantesco televisor encendido.

Lo apagan, y el ruido del programa es sustituido por la lectura de un libro de poesía infantil. Hasta el perro Floquinho se queda quieto, atendiendo al relato.

Primero lee Bruno, y luego la niña. "Lee primero en tu mente, con calma y después poco a poco arranca", le aconseja el estudiante. "Me encantan las rimas", comenta Aurea riendo.

Los voluntarios recorrieron 450 casas de la comunidad para entregar libros a los habitantes, un hogar por cada año de la ciudad de Rio.

Antes de irse de la casa de Aurea, Bruno le regala el librillo. "Esta noche sigo con mi hermana", promete la chica, que confiesa cierta preferencia por la televisión a pesar de los libros que toma prestados de una pequeña biblioteca en la comunidad.

El estudio del Ibope mostró que un 68 por ciento de los encuestados nunca vio al padre leer y un 63 por ciento, a la madre, pero Elisangela Nascimento, que lee poco o nada porque llega a casa agotada tras una larga jornada como empleada doméstica, asegura que siempre incentiva a sus hijas a leer.

"Pero ahora me les voy a unir, va a ser también bueno para mí apagar el televisor y sentarme con mis niñas a leer", dice.