Los políticos juegan "quedó"

Fotos por Gloriana Jiménez.

Al filo de las 10 de la mañana, las graderías del Estadio Nacional no están medio vacías sino medio llenas, porque todo depende del color del optimismo con que se mire y en este preciso 8 de mayo del 2014, en que todos y todas proclaman el inicio de una nueva era de la política nacional (agitando ansiosamente banderitas de papel regaladas en la entrada) optimismo es lo que sobra. Patriotismo: absoluto. Ilusiones: todas. Así que hasta la descripción del Estadio hay que verla bajo la renovada luz de la esperanza –como sugirió el nuevo Presidente en su discurso–, y no pensar en que las entradas para asistir al traspaso de poderes se agotaron desde hace varios días y, hoy, el propio día del evento, hay cientos de butacas vacías..

El único dolorosamente sincero es el sol, que cae brutal y despiadado.

Los gigantescos aleros del diseño arquitectónico chino protegen únicamente dos lados –el este y el oeste– mientras que los habitantes de la zona sur apañan todo su ardor con la cabeza, sin más ayuda que una repentina plaga de sombrillas, gorras, periódicos y viseras diversas. Los asistentes de este sector que no se han derretido, por lo menos se están marinando. ¿Serán, tal vez, unas mil almas?

En el lejano horizonte de la tarima, el maestro de ceremonias sigue pronunciando los insípidos nombres de los excelentísimos invitados y excelentísimas personalidades que cruzan hacia el palco principal. Arriba, las nubes describen un arco inmóvil sobre el fondo celeste y de los altoparlantes brota el exasperante gorjeo de una bandada de yigüirros o pajaritos afines.

Aunque su canto solo anida en la banda sonora de la actividad, su verdadero propósito es un auténtico misterio…

¿Refrescarle la memoria a los invitados internacionales, con respecto a que este es un país tan ecológico que el canto de los pájaros no está reñido con el de otros animales? Lo único bueno del canto de los yigüirros es que, sin proponérselo, llaman a la lluvia (qué más tarde caerá y cerrará con broche de oro el fin de una mañana sofocante).

Tres nombres sacuden las graderías, en este orden: el Príncipe Felipe, Evo Morales y Rafael Correa. Aplausos, silbidos, vítores. Después del misterio de los cantos emplumados, este es el segundo misterio más grande de la jornada, aunque debe considerarse que, desde hace rato, y gracias al gran empeño de los medios de comunicación, el pueblo costarricense lee los sucesos de la política como quien lee las contingencias de la farándula y viceversa, con ese mismo ánimo homogéneo y entretenido. “Aquí vinimos a aplaudir”, sintetiza el escritor Rodrigo Soto, ahogado en su propia sonrisa, mientras confiesa su asistencia a los actos en calidad de bombeta.

Por otro lado, aunque nadie quiera enterarse, lo que ha sucedido hasta ahora es una Sesión Solemne de la Asamblea Legislativa. Así es. Si el Estadio no va a la Asamblea, la Asamblea va al Estadio. De hecho, empezó a las 10:39 a . m. Cada cierto tiempo, el nuevo presidente del Congreso, el economista Henry Mora, insiste en invitar a los legisladores a sentarse o levantarse de sus curules… porque aunque resulte difícil de creer, los legisladores sacaron sus asientos de Cuesta de Moras y se los llevaron hasta La Sabana ¡con tal de sesionar sobre las sillas originales! ¿Será posible? Pues claro: fue posible.

Quienes estamos en gradería de sol nos enteramos de algunos detalles folclóricos gracias a dos pantallas gigantes que presiden los actos, una en el norte y otra en el sur, como enormes marcadores incrustados en el cielo. A duras penas, ahí se reproduce lo que ocurre entre las nuevas jerarquías políticas, entrantes y salientes. Ahí se reproducen sus besos y abrazos, sus saludos y sus despedidas. Más que un traspaso, lo que presenciamos es un trasplante de poderes. Un nuevo riñón cedido por la Universidad de Costa Rica, algo así. Es decir, la política costarricense en su fase más experimental. ¿Se convertirá en la política del futuro?

Finalmente, a las 11:15 de la mañana, Luis Guillermo Solís hace su aparición. La familia presidencial cruza el Estadio bajo una lluvia de aplausos. Las graderías están encandiladas con el paso de su nuevo Presidente que, con todo el familión, se acomoda en los primeros puestos de la tarima. En ese momento, a un kilómetro de distancia, Flor de María Varela, de 75 años y vecina de Coronado, exclama qué lindo, qué lindo, y saluda emocionada a la pantalla como si el Presidente la estuviera observando y pudiera devolverle el cariño que ella parece prodigarle.

“Estoy feliz, más cuando veo a este hombre. ¿No ve qué cosa más linda? Vine porque soy del PAC y voté por él. Ojalá que haga un buen gobierno porque qué va, esto está fatal”. En todo el Estadio, el público corea Solís Solís Solís y casi de inmediato: Sí se pudo… Sí se pudo…

“Yo vine por dos cosas”, enumera Dinia Arce Delgado, de 48 años. “Porque soy del PAC y nunca había venido a un traspaso y en tercer lugar porque quería conocer el Estadio”.

Después de los aplausos generales entra el Pabellón Nacional y luego viene el himno nacional y luego los diputados se toman un receso de diez minutos, porque aunque no hayan hecho nada todavía, ni bueno ni malo, se lo merecen. Al público le recetan dos poemas de Jorge Debravo, que no podía faltar en el menú, gracias a los estudiantes del Coro de Poesía del Conservatorio Castella. Mientras tanto, Helios –el único dios que da señales de vida– sigue apretando la carne de sus vasallos.

Fanny Barquero, de 24 años, Adrián Cerdas, de 14, y su tío Ignacio Barquero, de 65, no se han movido de su puesto desde que llegaron provenientes de San Nicolás de Cartago, hace como tres horas. Por un lado, el tío le quería enseñar a su sobrino el mundo de la política costarricense y, por otro, Fanny quería ver de cerca a un hombre que le parece “humilde, más humano y diferente a los demás”, tal y como describe al Presidente Solís. “En la primera ronda yo había votado por Villalta”, explica Fanny, “Pero en la segunda ronda, él me gustó. Era capaz de hablar con cualquiera”.

Ilenia Sancho, de 45 años y vecina de San Roque de Barva de Heredia, vino con una comitiva familiar pero ahora está sola en la gradería mientras sus hermanas, hermanos, cuñadas, cuñados y sobrinos se refrescan en la sombra.

“Para mí es una fiesta porque creo que más que nunca como en estas elecciones se vió el deseo de los costarricenses de vivir en democracia”, dice. “Y que conste: en mi casa ha habido siempre de distintos partidos pero esta vez todos votamos por el PAC”.

A las 11:45 a. m. el nuevo Presidente jura con la mano derecha y recibe lo que Laura Chinchilla ya no usará más. Con el traslado de la banda presidencial, el Estadio empieza de nuevo Sí se pudo… Sí se pudo. Solís se va y regresa con su papá y un bastón colgando del brazo. Más aplausos. Más fotos. Diez para las doce, el nuevo Presidente toma el micrófono. Dice todo lo que tiene que decir, y cierra con una palabra complaciente. “Esperanza”.