Lucha por independencia de Escocia pone fin a carrera política de su Primer Ministro

Renuncia​Líder separatista renuncia a su cargo y pone fin a 24 años en la política escocesa

Alex Salmond, orondo y de rostro engañosamente afable, colocó a Escocia muy cerca de la independencia pero rozar el sueño acabó con su carrera.

Este exfuncionario y execonomista del Royal Bank of Scotland, de 59 años, dimitió este viernes como jefe de gobierno regional escocés, al día siguiente de un referéndum de independencia, impensable hace sólo una década, que perdió.

"Creo que al partido, al parlamento y al país les vendrá bien un nuevo liderazgo", dijo, añadiendo que ha sido "el privilegio de mi vida" desempeñar el papel de jefe del gobierno regional escocés.

El separatista hablaba siempre enfáticamente de su proyecto para su nación de 5,3 millones de personas, un futuro lejos de Inglaterra, Gales e Irlanda del Norte, lejos del Reino Unido.

Tenía la intención de "liberar a los escoceses" de tres siglos de Unión; romper "las cadenas" que unen Edimburgo a Westminster, el parlamento británico en el que tuvo un escaño desde 1987 hasta 2010; presidir "uno de los pequeños países más ricos del mundo". Un país al modo socialdemócrata escandinavo, miembro de la UE y la OTAN, pero sin armas nucleares. Rico como Noruega y Suiza, gracias al oro negro del petróleo del Mar del Norte y al oro ámbar, el whisky.

Frente a los unionistas -que ayer se burlaban de su sueño y hasta hoy le temieron-, pregonaba: "nuestra hora ha llegado, nada puede detenernos".

Sus partidarios elogiaban su determinación y habilidad política. Sus opositores lo consideraban arrogante, misógino, con una propensión a la grandilocuencia.

Sin embargo, los medios de comunicación británicos, a los que a menudo exasperó, coincidieron en ver en él uno de los políticos más talentosos de su generación.