Mineros acampados en el centro de Lima resisten ultimátum para formalizarse

En un inmenso campamento con ollas humeantes y grandes toldos bajo los que duermen sobre el césped o el cemento, miles de mineros artesanales del oro resisten la formalización obligatoria que impulsa el gobierno peruano de uno de los sectores clave del país.

"Tuvimos que venir a Lima en una marcha desde los cuatro 'suyos' (vocablo quechua que refiere a las regiones del antiguo imperio inca), pero el gobierno no nos quiere escuchar", dice Felicitas Huapaya, que llegó desde la amazónica Madre de Dios (sudeste), junto a su esposo minero.

"En el fondo lo que busca el gobierno es liquidar la minería artesanal para favorecer a la gran minería y a las transnacionales mineras extranjeras", denuncia Celso Cajachagua, secretario general de la Federación Nacional de Mineros Artesanales del Perú.

Doña Felicitas se indigna cuando lee en un periódico que un funcionario del gobierno, Daniel Urresti, alto comisionado del gobierno para la formalización de la mineria artesanal, denuncia que los mineros que están protestando reciben 5.000 soles (unos 1.700 dólares) para causar disturbios en Lima.

"Eso es totalmente falso. Si recibiéramos dinero, no estaríamos aquí durmiendo en la calle", dice Cajachagua.

Los mineros informales del oro están hace una semana en el centro de Lima mientras otros grupos bloquean carreteras en el sur del país. Muchos afirman que no rechazan la formalización, pero piden ampliar el plazo impuesto.