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Las mujeres violadas en Kosovo, víctimas de la ley del silencio

Estigma y la vergüenza hace que muchas de ellas no reclamen la indemnización a la que tienen derecho

Miles de mujeres fueron violadas durante el conflicto en Kosovo, pero el estigma y la vergüenza hace que muchas de ellas no reclamen la indemnización a la que tienen derecho, en un país donde la violación se considera todavía una mancha en el honor de la familia.

Es el caso de Z., una mujer de 41 años que se retuerce las manos mientras recuerda.

En mayo de 1999, cuando tenía 22 años, Z. y su hermana adolescente fueron secuestradas por las fuerzas serbias en la aldea donde vivían, en Kosovo, un mes antes del fin del brutal conflicto (1998 y 1999) que dejó cerca de 13.000 muertos.

La guerra terminó cuando las fuerzas de la OTAN bombardearon Serbia, allanando el camino para que Kosovo declarara la independencia en 2008.

Z. y su hermana fueron llevadas a una localidad de mayoría serbia, donde fueron violadas reiteradamente dentro de un almacén agrícola.

"Bebieron, cantaron y tocaron música, y luego vinieron hacia nosotras. No sé cuántos me violaron porque me desmayé durante la primera violación", cuenta a AFP. Cuando recobró la consciencia, su hermana pequeña lloraba en voz baja a su lado. Los agresores se habían ido.

Lea: Campaña #Metoo: el cotidiano acoso sexual que sufren las mujeres.

Las organizaciones de derechos humanos creen que durante el conflicto entre kosovares albaneses y fuerzas serbias fueron violadas cerca de 20.000 mujeres y niñas. Pero la cultura del silencio hace imposible conocer el número exacto de víctimas.

Desde que en febrero de 2018 se comenzó a indemnizar a las víctimas de violación de la guerra con 230 euros mensuales, sólo 600 mujeres han pedido esa indemnización. Y del total de solicitudes, sólo 115 han sido aceptadas.

"Fue el primer reconocimiento institucional de que soy una víctima de la guerra", cuenta Z. a la AFP.

Víctimas en la sombra

Pese a que la identidad de las personas que solicitan la indemnización es confidencial, el estigma de la violación hace que muchas víctimas permanezcan en la sombra.

"Las mujeres violadas están consideradas 'persona non grata' en sus familias y, por ende, en la sociedad", explica Selvije Izeti-Çarkaxhiu, una psicóloga que asiste a las víctimas.

Además, la cultura de la vergüenza "impide a las víctimas hablar abiertamente de su trauma o buscar justicia", dice Behxhet Shala, director del Consejo para la Defensa de los Derechos Humanos y las Libertades de Kosovo.

"Existe un tabú del silencio tan potente como la 'omertà'", el código de silencio de la mafia italiana, asegura.

Lea: Casi 90 mujeres por año denuncian a su esposo o conviviente por violación.

Antes de disolverse, en 2017, el Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia (TPIY) sólo había condenado a tres altos responsables serbios por usar los abusos sexuales como instrumento de limpieza étnica.

En Kosovo, los tribunales todavía no han condenado a nadie por violación durante el conflicto, según la oenegé Humanitarian Law Center. Hubo tres procesos judiciales por violaciones de guerra pero todos terminaron con la absolución, según Amnistía Internacional.

"El aislamiento y el silencio solo han ayudado a los violadores", dice Feride Rushiti, directora del Centro de Rehabilitación de las Víctimas de Tortura en Kosovo (KRCT).

En 2014, el parlamento de Kosovo aprobó una ley que reconocía a las víctimas de violencia sexual durante la guerra y les otorgaba el derecho a una pensión de 230 euros mensuales, que equivale a cerca del 90% del salario medio de una mujer en el país.

Z. todavía espera su primer cheque pero sobre todo espera que llegue el día en que la sociedad "ya no nos culpe".

"Solo voy a estar en paz cuando me sienta libre de decir públicamente que fui una de las mujeres que fui violada y que no deberían tratarme como si fuera culpable como un violador, sino como a una persona a la que pedir perdón".