Nuestra parte buena

Costa Rica 0 (3) - Holanda 0 (4)

Los dos equipos alineados para los himnos en el Arena Fontanova de Salvador de Bahía, Holanda y Costa Rica. Último partido de cuartos de final de la Copa Mundial Brasil 2014. La ronda de eliminación de los mejores ocho equipos del torneo. Tres semanas atrás nadie, ni aquí ni en ningún otro lugar, se imaginaba esto.

A esta altura, sigue el ganador. Y perdimos. Un partido áspero, regido por el guión táctico de dos entrenadores de primer orden y jugado por dos equipos que demostraron disciplina, coraje y temple de cirujano. La gran paradoja: Holanda fue más, pero Costa Rica no fue menos.

La Selección de Costa Rica se convirtió en la sorpresa de la primera ronda, al despachar a sus rivales del "grupo de la muerte" y al salir líder con un solo gol en contra. Derrumbó las casas de apuestas, fue adoptada como favorita por las ciudades donde jugó, el foco de la prensa mundial buscó ese lugar ubicado a 10° norte del ecuador y 84° oeste del meridiano de Greenwich, disparó violentamente las búsquedas en Internet.

Pero sobre todo, lo más importante, logró eso que tanto envidian los políticos y (sus antípodas) los intelectuales, despertar la atención, primero, y el abrazo, después, de todo un país.


Estos muchachos de lugares tan poco cosmopolitas, tan lejos del glamour, como Palmichal de Acosta, Alajuelita, Hatillo, Desamparados o Limón, pusieron de pie a un país entero. El fútbol, el deporte que más se parece a la vida, en su grandeza acepta a propios y extraños, a fiebres y adversos, a quienes están en las duras y a quienes llegan cuando las cosas salen bien.

Estos muchachos, reunidos y dirigidos por Jorge Luis Pinto, nos pusieron la piel de gallina, nos quitaron el aliento, nos hicieron recordar lo que es una detonación de alegría, esa alegría por algo que no es exactamente lo que parece, que viene de muy adentro, viene de un lugar que probablemente no esté dentro de nosotros.

Porque sí, que alguien trate de explicar lo que por espacio de tres semanas acaba de vivir este país. Un país lleno de virtudes y defectos como todos. Y así, esta vez, por tres semanas, conducidos por unos jovencitos maravillosos, convertido un lugar donde cabíamos todos.

Como hace unos meses dijimos de las chicas de la Selección Femenina de Fútbol, hoy parafraseando las palabras de una poeta polaca: escuchen, muchachos, cuán rápido nos late su corazón.

Queda para la estadística y la historia del deporte que la Selección de Costa Rica se fue invicta del Mundial Brasil 2014, con dos goles en contra y cinco a favor, con un portero que ganó fama planetaria y que llevamos hasta la definición por penales a una potencia mundial del fútbol. Nosotros, una país de tercer orden para ese deporte. Hasta hoy.

Más importante es lo otro. Ese lugar en el que, como país, nos encontramos estas tres semanas. No es poco, no es algo menor. Sepamos darle el lugar que se merece.

Muchachos, Costa Rica se pone de pie y los aplaude. Ustedes sacaron nuestra parte buena