Observatorio de Ny Alesund, testigo del vertiginoso cambio climático en el Ártico

Noruega​Ny Alesund es el asentamiento civil más septentrional del mundo. La distancia entre esta localidad y el polo Norte es de 1.231 kilómetros

En el corazón del Ártico noruego, el observatorio Ny Alesund da fe de los estragos del cambio climático: el fiordo ha dejado de congelarse completamente en invierno, la superficie de los glaciares mengua y surgen especies nunca vistas hasta ahora por estos parajes.

Situado en la isla de Spitsbergen, este pueblo de coloridos edificios, dedicado a la investigación, acogió a finales de julio a unas 140 personas, entre científicos europeos y asiáticos, técnicos para los instrumentos de medida y personal a cargo de la organización.

El fiordo "ya no se congela completamente desde 2007", afirmó Sébastien Barrault, consejero científico de Kings Bay, la compañía noruega encargada de la logística.

"En los años 90, se podía cruzar en motocicleta por la nieve", recuerda Jürgen Graeser, técnico de la estación de investigaciones franco-alemana Awipev (Alfred Wegener Institut Paul Emile Victor). Esta estación supervisa unos 50 aparatos que registran los datos meteorológicos, atmosféricos, químicos, etc. "La última vez que pudimos caminar por encima de ella, fue en el invierno de 2003/2004", recordó.

La amplificación del efecto invernadero a nivel mundial modificó las corrientes marinas y atmosféricas en esta región situada a 1.000 kilómetros del polo Norte. El deshielo de la banquisa y de los glaciares, que reflectan los rayos solares, provoca una mayor absorción del calor por la tierra o el océano. Por eso, el termómetro se dispara. Unos cambios que anticipan lo que sucederá en otras regiones frías.

El retroceso de los glaciares es otra señal flagrante del calentamiento global, a escala planetaria y en particular en Spitsbergen, recubierta en un 60 por ciento por mastodontes de hielo.

El glaciar del fondo de la bahía de Ny Alesund, el Kronebreen (de la corona) "retrocedió un kilómetro desde 2012, es increíble", constató Heidi Sevestre, de la universidad de Svalbard en Longyearbyen. Además de la llegada de nuevas especies, la flora marina también se ve afectada por la subida de la temperatura media del fiordo.