Devoción por las historietas alimenta negocio en San Pedro

"Todos los que me compran cómics me apuntan en los contactos del cel como Allan Comics", cuenta Allan Corrales, mientras sostiene una bolsa plástica rosada cuya capacidad se ve inevitablemente forzada por tener cerca de 100 cómics apretujados uno contra el otro.

Fue así como adquirió el apodo. Por eso su tienda se llamará así, como su perfil en Facebook: Allan Cómics. Allan tiene más de 30 años de ilusionarse con cada portada nueva y de emocionarse con los momentos emotivos de los superhéroes.

Hace un año, Allan decidió probar suerte vendiendo cómics en los alrededores de la Universidad de Costa Rica y se encontró con toda una comunidad de adeptos a Superman, Batman, Los Vengadores, Spiderman y cuanto superhéroe hayan plasmado Marvel y DC Cómics en los últimos 79 años.

Fue el entusiasmo de sus compradores lo que motivó a Corrales a abrir su propia tienda. Lo hará el próximo año en San Pedro de Montes de Oca, donde está la mayor parte de su clientela. Desea ofrecer un espacio acogedor donde puedan comprarse y leerse historietas.

Escuchar a Allan narrar las fechorías del Guasón da gusto. Quien llegue tarde al relato pensaría que habla de alguien de carne y hueso, por la naturalidad con la que lo describe y la profundidad con la que conoce a sus personajes.

Sus favoritos son Batman y Superman. Los considera clásicos e imperdibles. Treinta años de afición le dejaron más de 30 mil ejemplares de cómics que conserva en una colección propia.

Fue su hermano Johnny quien le inculcó "el amor de cómics", como él lo llama. Recuerda recibir la mesada que le daban sus papás los domingos "después de misa" e irse corriendo a gastarla en un bazar en San Francisco de Calle Blancos y deleitarse por horas con cada viñeta ilustrada.

Esa ilusión es la que busca inculcar Allan Comics en sus clientes.

Cada semana recibe desde Estados Unidos pedidos de cómics viejos y nuevos. Algunos los comparte a través de su perfil en Facebook y otros los deja de sorpresa. Dice que no le gusta revelarlo todo porque sus clientes se pelean por los ejemplares. Cada cómic pueden costar desde ¢500 hasta ¢1 millón, dependiendo del ejemplar, de la historia, de quien lo escriba, quien lo ilustre y hasta quien lo entinte.

Hay ejemplares únicos. El ejemplar más caro es el Action Comics No. 1, historieta en la que aparece Superman por primera vez y se vendió por $175 mil en Estados Unidos. Allan dice que tiene en su colección un par de cómics valiosos, pero nada que supere los $1 mil.

Allan vive el cómic y eso es precisamente lo que lo hace un buen vendedor. Su expertise de tres décadas le permite saber cuánto puede costar un ejemplar, qué condiciones pueden devaluarlo y en cuánto puede venderse en el mercado actual de los adeptos al cómic.