Pequeños productores de cocos se profesionalizan en Brasil

En un Brasil donde millones de agricultores todavía viven en explotaciones familiares, los productores de coco ven mejorar sus condiciones gracias a su creciente profesionalización.

"Vivimos mucho mejor que nuestro padre cuando limpió este terreno para instalarse", explica José Ferreira Santos, uno de de los miembros de la familia. "Dominamos muchas más técnicas", explica.

En esta explotación familiar del norte de Salvador de Bahía, trabaja con sus cuatro hermanos en un terreno de 100 hectáreas, que dan hasta 3 mil cocos secos por día, y como otros pequeños agricultores, logra vivir honradamente de su trabajo gracias a la profesionalización y el apoyo de organismos públicos.

José Ferreira recibe dos veces al mes la visita de Marcio Ribeiro de Souza, técnico de la EBDA (Empresa Bahiana de Desarrollo Agrícola).

"Ponle una capa más de restos vegetales y estiércol de oveja, mantiene la humedad y sirve de abono para la tierra", sugiere a un miembro de la familia que se dispone a plantar un coco germinado, en un pozo de 80 centímetros.

"Intento que la producción sea a la vez ecológica y redituable", cuenta el técnico.

Así, enseñó a los cinco hermanos a plantar forraje entre las filas de cocoteros para mantener húmeda la tierra.

"Sólo dejamos una corona de suelo limpio alrededor de los árboles para facilitar la absorción de abono natural por las raíces", precisó.

El técnico también asesora a la familia con la selección de las variedades: el cocotero gigante da frutos más ricos en pulpa -por lo tanto más caros- pero estos recién crecen al cabo de seis años. La explotación apunta por lo tanto al cocotero enano que produce cocos con abundante agua al cabo de cuatro años.

Un joven pasa dos cuerdas por el tronco de uno de éstos, coloca sus piernas en ellas y sube, como por una escalera, hasta una mata de hojas. Luego forma un ramo de cocos con una soga, corta la rama que los retiene al árbol y lo baja hasta el suelo.