Récord en cultivo de amapola para opio en Afganistán desnuda fracaso en política antidroga de EE.UU.

Récord​Los cultivadores a menudo son forzados a pagar una especie de impuesto a los talibanes

El cultivo de amapola para opio en Afganistán registró un récord en 2014 en términos de superficie, según la ONU, revelando el fracaso de la política antidroga estadounidense cuando la OTAN se dispone a retirar a sus tropas de combate.

Afganistán sigue siendo de lejos el primer proveedor mundial (80 por ciento de la producción) de esta planta que suministra la materia prima de la heroína y alimenta un lucrativo tráfico en ese país.

El área total de cultivo fue de 224.000 hectáreas de amapola para opio en 2014, 7 por ciento más que el año anterior, según el informe anual de la Oficina contra la Droga y el Crimen de la ONU (UNODC) publicado el miércoles.

Esto representa más del triple de la superficie dedicada a ese cultivo en 2002 (74.000 hectáreas), un año después de la intervención militar occidental liderada por Estados Unidos que derrocó al régimen de los talibanes.

Desde esa fecha, y a pesar de los programas de erradicación norteamericanos que costaron miles de millones de dólares, el cultivo de la amapola aumentó radicalmente, sobre todo en el sur, la zona controlada en parte por los insurgentes talibanes.

Según dicho informe, la producción potencial de opio fue estimada en 6.400 toneladas en 2014, un incremento de 17% con respecto a 2013, pero por debajo del récord de 7.400 toneladas producidas en 2007.

La lucha contra la droga parece como el segundo gran fracaso de los occidentales en Afganistán, después de la imposibilidad de instaurar la paz y la seguridad en ese país.

La retirada de las tropas de la OTAN prevista para fines de año hace temer una mayor inestabilidad en el país propicia a un desarrollo aún mayor del cultivo de la amapola, mientras las fuerzas de seguridad afganas tratan de contener a los talibanes, que siguen muy activos en el país.

Los cultivadores de opio a menudo son forzados a pagar una especie de impuesto a los talibanes, que utilizan ese dinero para financiar su lucha contra el gobierno y las fuerzas de la OTAN.