Relato de una victoria contra el mar

Crónica​106 pasajeros sobrevivieron para contar su historia en un naufragio.

Edición videos: Marco Chacón y Alejandra Fernández

El capitán Gilberto Matarrita zarpó apenas recibió la alerta desde altamar. Eran las 8:40 a.m de este jueves. El mensaje era uno: el catamarán Eco Quest estaba en peligro.

A bordo de su embarcación, Matarrita fue el primero en llegar adonde las coordenadas ubicaban al catamarán, pero la nave ya no estaba allí. Lo que encontró fue algo peor.

“Nunca había visto algo así, tengo 28 años de andar en el mar. Uno ve esto en las películas… es indescriptible”, recordó horas después de encontrarse con la tragedia. Las primeras y únicas imágenes que vio este experimentado marinero fueron las de decenas de personas flotando en el mar: unos abrazados a los chalecos salvavidas; otros, sujetos a una balsa. Casi todos luchando por sobrevivir.

A Matarrita lo llamó un compañero suyo en la marina Los Sueños, en Herradura (Puntarenas). Aracelio García, uno de las pasajeros del Eco Quest, portaba un teléfono celular a prueba de agua. García sacó el día libre para celebrar su cumpleaños en isla Tortuga, destino al que nunca llegó.

Con la ayuda de tres marineros, incluido su hijo, Matarrita logró rescatar a 16 de los 106 pasajeros que sobrevivieron. Los fallecidos fueron tres: dos mujeres y un hombre, todos extranjeros.

De las 109 personas que viajaban en el Eco Quest, 10 eran tripulantes y 99 turistas. Uno de ellos, Jimmy Murray, de 52 años, arribó a Costa Rica la noche del lunes.

Todo pasó muy rápido, dice con una sonrisa en su rostro bonachón pero -confiesa- todavía en estado de shock. Un miembro de la tripulación les indicó que por las condiciones del clima debían regresar a tierra y que les reintegrarían el dinero. Cinco minutos después, el mar se tragaba al barco, mientras sus pasajeros nadaban contra esa corriente.

El estadounidense vio algo que lo impactó.

Imágenes como las que narra Murray dejaban poco espacio para pensar. Tan repentina como la tragedia fue la reacción para sobrevivir.

No dio tiempo ni de ponerse el chaleco salvavidas, recuerda Lorenzo Fonseca, de 17 años, es uno de los 11 costarricenses que viajaban en el catamarán.

Lorenzo se marchó a su casa, en Herradura, abrazado por sus familiares y en medio del asedio de los micrófonos. Jimmy Murray descartó regresar a Estados Unidos y dijo que continuaría sus vacaciones en Costa Rica, aunque sabe que la imagen que vio en el mar le seguirá dando vueltas en la cabeza.

El capitán Matarrita regresó a sus ocupaciones, a limpiar la embarcación tras la odisea: borrar las marcas de la angustia para mañana zarpar de nuevo.

Como ellos, el resto de sobrevivientes fue dejando la marina, lugar donde la travesía terminó. Volvieron a sus casas, a sus hoteles, a sus familias, a sus vidas.