Ronald, McDonald

Llovió tanto y por tantas horas antes del partido que, por poco, las parejas que entraban al estadio Ricardo Saprissa iban a fundar un Nuevo Mundo después del diluvio. El pronóstico del tiempo había sido de, por supuesto, noche sin precipitaciones.

Son las 10:30 p.m. y el Deportivo Saprissa es el nuevo campeón del fútbol de la categoría de primera división. Después de cuatro años, los morados vuelven al lugar que, sumando este triunfo, han ocupado en 30 ocasiones. Ningún equipo ha alcanzado tantos trofeos de campeón en la historia del fútbol nacional.

Ganarle a La Liga, esta Liga del Macho Ramírez, quizás uno de los entrenadores más efectivos del torneo local, le añade mérito al conjunto de Tibás.

El partido inició debajo de una cortina de agua. La cancha parecía Vietnam, pero no por campo de batalla, por lo de un terreno de arroz anegado. Varias zonas de la gramilla artificial estaban sumergidas, pequeñas lagunas que cedían a la capacidad de los drenajes. En la tele, la lluvia pasaba por estática de la transmisión.

El factor pluvial, ya de entrada, alteraba el planteamiento táctico de los equipos. El balón iba a correr más rápido, a detenerse por completo, a multiplicar las imprecisiones en el manejo y avance. A la vez, iba a afectar a los dos cuadros por igual.

Así fue. Una primera mitad con poco tiempo efectivo de juego. Faltas, balones fuera de los límites, servicos errados. Saprissa se paró con actitud de casa, como se esperaba. Alajuela, con una mezcla paradójica: ansiedad y cálculo. Se podría decir que, por momentos, la lluvia beneficiaba a los morados, pero eso sería restarle méritos a un equipo que iba a llegar al final del partido con una superioridad futbolística que nadie, con un poco de objetividad, podrá poner en duda.

Desde temprano, Arauz puso a trabajar a Johnny Acosta. Un delantero dotado contra un zaguero de traba.

A los 10 minutos cualquier pronóstico hubiera sido arriesgado. En cambio, después del 13, y a pesar de la pesada pantalla del agua, se empezó a aclarar el panorama de las predicciones.

En un balón bombeado a la zona de ataque de los rojinegros, Jonathan McDonald, continuando de manera torpe un juego agresor (no agresivo) que había iniciado en el partido de ida, se dejó llevar por su temperamento.

Saltó con Guzmán y al caer tiró un codazo que le valió la roja. El minuto 13 fue el punto de giro del partido, el inicio del fin para los alajuelenses. Una falta innecesaria que, nadie lo sabía entonces, contribuiría al triunfo del equipo de Tibás.

A veces una expulsión agranda al cuadro que la sufre. A veces lo condena. Este fue el caso de la Liga Deportiva Alajuelense. Por el resto del partido, se iba a notar que Saprissa jugaba con un hombre de más. Poco a poco, además, eso le fue dando mayor seguridad a los morados.

En el primer tiempo no vimos a los porteros. En las zonas alejadas de los marcos se daba otra batalla. Una que ganó Saprissa: posesión, confianza y actitud ofensiva.

Tejeda cerraba el torneo con un partido brillante, sosteniendo atrás, apareciendo adelante. Arauz jugó 45 minutos de perfección, un delantero potente y agresivo, como un jugador de otro campeonato. De la Liga, en la primera mitad, destacan zagueros. Acosta, Palma y Gutiérrez. Eso es revelador.

Al 40”, en centro de Mora desde la izquierda, Arauz llega a cabecear desde atrás, robando la espalda y anota el gol que, otra vez, merecía. El gol que sellaría el destino de los rojinegros.

Empezaba la tregua de la lluvia y empezaba también el segundo tiempo. Con menos agua, mejoró el fútbol. Los de Ramírez salieron a jugarse el campeonato, como correspondía. Hay que decir que fue Johan Venegas el jugador que encarnó el empeño ofensivo de los liguistas.

El Macho apostó todo antes de que terminara el partido. Sus variantes fueron ofensivas, ganar o ganar. Pero esta vez González, su excompañero de Selección, iba a ganar el duelo.

La diferencia conforme avanzaba la complementaria fue absoluta: Saprissa quería ganar, Alajuela no quería perder.

Los cambios de González afianzaron a los tibaseños. Los de Ramírez sumaron a la ansiedad. Se jugaban los minutos finales en el terreno de los rojinegros, había dejado de llover, y en cualquier momento volvía una paloma con una rama de olivo en el pico a descansar sobre el techo de la banca saprissista.

Sonó el pitazo final. El Deportivo Saprissa terminó con una sequía de cuatro años. La Copa regresó a Tibás.