Sirios de Costa Rica ven como su patria se desangra entre tristeza, nostalgia e impotencia

Lejos de casa​Acnur registra siete sirios en condición de refugiados.

En el centro de la capital josefina, en medio del ruido provocado por los buses y las radios reggaetoneras que los negocios ponen a todo volumen, se escucha la conversación en árabe de una pareja de padres inmigrantes. La madre le da de mamar a un bebé de cuatro meses de nacido. El papá sonríe, agradecido con la imagen que la vida le pone ante sus ojos: su esposa, su hijo, Costa Rica.

Una felicidad que le ha dado el país que le abrió las puertas hace más de una década, misma que se apaga cada vez que piensa en su patria, en la lejana Siria.

La tristeza de Talab Alhadi Morad se origina a más de 12.000 kilómetros de distancia. En su tierra reina la guerra y el temor. Él y su esposa son parte de la pequeña comunidad siria que hay en Costa Rica, compuesta por entre 80 y 100 personas (40 por ciento mujeres, 60 por ciento hombres). No existe una cifra oficial.

“Cuando hablo con mi papá, escucho bombas y disparos; mis familiares no pueden viajar de una ciudad a otra, porque es muy peligroso, están atrapados, el riesgo es muy fuerte”, dice el hombre de 37 años en un muy buen español.

Talab arribó a Costa Rica cuando Siria aún era un país estable. En el 2008 regresó a su país, se casó y trajo consigo a su esposa, en ese momento todavía la crisis bélica no se había suscitado.

“Era un país como cualquier otro, el Gobierno era autoritario, pero no mucho, la gente se respetaba, no importaba la religión”, recuerda el foráneo quien se gana la vida con el comercio. Tiene una tienda de ropa y un minisúper en el cantón central de San José, por las paradas de buses de Tibás.

Desde el trópico le ha seguido la pista al conflicto de su país, a través de las noticias y de lo que le cuentan sus familiares, con quienes habla casi a diario por medio de Whats App. “Es muy triste ver como todo se fue desmoronando”, señala con tono de impotencia.

El caos se empezó a gestar en el 2011, durante el movimiento denominado “la primavera árabe”. Inspirados por movimientos insurgentes en otros países del medio oriente, los sirios quisieron derrocar al presidente Bashar al-Asad, en el poder desde al año 2000, pero éste respondió con una violencia extrema en contra de los rebeldes.

cARLOS MURILLO, ANALISTA INTERNACIONAL

A partir de ese momento la confrontación comenzó a agudizarse, la oposición se fragmentó, se involucraron grupos terroristas como Isis (Estado Islámico), y Gobiernos de países vecinos.

El analista internacional, Carlos Murillo, explica que Bashar al-Asad es un dictador que no quiere renunciar al poder y que el conflicto es sumamente complejo, pues tiene tintes religiosos y étnicos.

El saldo, hasta ahora, es de 190.000 fallecidos y 11.6 millones de personas que han tenido que huir de sus hogares, de las cuales 4 millones han emigrado a otros países y el resto se ha desplazado a otras ciudades en Siria. Los datos son de Amnistía Internacional.

El conflicto de Siria ha ocasionado una crisis humanitaria y un éxodo sin precedentes.

La paz

Justo en el 2011, fecha en que marcó el inicio de la guerra, Hussam Exal tomó sus maletas rumbo a Costa Rica. "Tuve que huir, no tenía alternativa", cuenta el alto sujeto de 28 años, quien dejó en su hogar a sus padres.

Hussan dice que hizo una investigación exhaustiva para elegir su destino, cuando descubrió a Costa Rica, su fama de paz y tranquilidad, supo que la búsqueda había terminado.

Él no habla español, pero "se la juega" para cobrarle a los clientes de la tienda de ropa Distribuidora Sirena, en donde labora. El local se ubica en las paradas de buses de la Coca Cola, y su dueño es Rabie Alawar, un coterráneo que le tendió la mano.

Rabie tiene 35 años, está casado con una siria y tiene dos hijos ticos, de hecho, él ya se nacionalizó costarricense.

"Yo me sigo sintiendo sirio, esa es mi cultura, pero estoy muy agradecido con Costa Rica porque este es un país de oportunidades", dice el sujeto cuyo acento árabe apenas se nota, hasta hay quienes lo confunden con un colombiano.

Narra que todos los sirios de Costa Rica, así como él, son comerciantes, dueños de tiendas de ropa o de un restaurante... "Es parte de nuestra cultura", afirma.

Rabie, Hussan y Talab tienen el objetivo de traer a sus familiares a Costa Rica, para ello claman por ayuda del Gobierno de Costa Rica.

Los sirios tienen la opción de tramitar una solicitud de refugio para sus familiares. El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur) reporta que actualmente hay siete personas sirias en condición de refugiados.

Pero el proceso es complejo, casi tanto como el conflicto armado que hace que Siria se desangre.

Es por ello que los sirios radicados aquí solo quieren que el proceso de visa se facilite y que se levanten requisitos.

No obstante, la Cancillería, aunque asegura que las puertas del país están abiertas, enfatiza que no se puede establecer un procedimiento especial y que se deben seguir criterios técnicos. Así lo detalló el ministro de Relaciones Exteriores, Manuel González.

MANUEL GONZALEZ, MINISTRO DE RREE

El mañana

No se vislumbra en el panorama una solución a corto plazo para el caos que se vive en Siria. El experto Carlos Murillo vaticina que pasará mucho tiempo de enfrentamiento armado antes de que las distintas partes se sienten a negociar una vía pacífica.

A los sirios de Costa Rica no les queda más que esperar y anhelar que la guerra no toque la puerta de alguno de sus familiares. Vivir de este lado del mundo, en la tierra del ¡pura vida! conlleva una condena para ellos: saber que mientras están disfrutando de la paz, sus seres más queridos lidian con la guerra.


De hecho, no se avizora en el panorama una solución a corto plazo para el caos que se vive en Siria. El experto Carlos Murillo vaticina al enfrentamiento armado le queda mucho tiempo más antes de que las distintas partes se sienten a negociar una vía pacífica.

A los sirios de Costa Rica no les queda más que esperar y anhelar que la guerra no toque la puerta de alguno de sus familiares. Vivir de este lado del mundo, en la tierra del ¡pura vida! conlleva una condena para ellos: saber que mientras están disfrutando de la paz, sus seres más queridos lidian con la guerra.