Solís cumple con su agenda del día, pero incluye visitas inesperadas

El candidato presidencial del Partido Acción Ciudadana (PAC), Luis Guillermo Solís, vivió este domingo una intensa jornada electoral dominada por la música de cimarrona, selfies, molotes y respuestas a cientos de preguntas espontáneas que, a lo largo del día, le formularon sus seguidores. Hoy, el candidato Solís, no permaneció solo ni un minuto.

Desde tempranas horas su casa de habitación -ubicada en Barrio Escalante- fue invadida por decenas de periodistas que cegaron su desayuno familiar con ráfagas de flashes. Su primera queja del día fue de naturaleza culinaria. “¿Quién hizo los huevos?” preguntó el candidato. “Les falta sal”.

Solís abandonó su casa a las 6:45 a.m. en compañía de su esposa Mercedes Peñas, rumbo a la Catedral metropolitana, donde se celebró una misa a la que acudieron la mayoría de candidatos presidenciales.

“Que nos vaya bien a todos”, dijo antes de montarse al carro. Durante los oficios, Solís se mostró paciente, silencioso y devoto. Johnny Araya, candidato del Partido Liberación Nacional llegó hasta su asiento a darle "la paz”.

Sin embargo, el momento más relajado fue cuando los feligreses se levantaron para ir a comulgar, y él aprovechó para socializar un poco pero sin moverse de su banca. Abandonó la catedral a pie, y como buen peatón, caminó un par de cuadras hasta las oficinas de Canal 42.

Durante el trayecto, Solís fue perseguido por una encendida cimarrona de las juventudes ciudadanas, que ya no se le despegaría durante el resto de la jornada.

De allí, voló hacia la Escuela Pilar Jiménez, en Guadalupe, para acompañar a su vicepresidenta, Ana Helena Chacón, a emitir su voto y, de paso, visitar un centro de votación, el primero del día. De nuevo, el candidato fue abordado por decenas de seguidores que lo animaron a seguir adelante.

En el momento de un selfie, una partidaria se atrevió incluso a pedirle que jamás incluyera el tema del aborto en su agenda política. En la afueras de la escuela, Solís siguió siendo alegremente acosado por decenas de ciudadanos que lo motivaron a hacerse las fotos más insólitas, mascotas incluidas.

Luis Guillermo Solís entró al aula del Liceo de Curridabat, junta número 1762, a emitir su voto al ser exactamente las 9:54 de la mañana. Una nube de periodistas, trípodes y cámaras debieron apretujarse tras las ventanas para captar el momento del sufragio pues, la presidenta de la junta, le negó a todos los medios el ingreso al aula. Al salir, el candidato dijo sentirse confiado por la institucionalidad democrática del país y animó a la gente a salir a dar su opinión en las urnas.

Como aún era temprano, Solís aprovechó para visitar la tumba de su mamá, Vivienne Rivera Allen, en el cementerio de San Pedro. Con un ramo en la mano y un rostro de incertidumbre, Solís deambuló un rato por las desoladas tumbas antes de rendirse.

Dijo que siempre que va, se confunde, abrumado por la comitiva de reporteros que llevaba detrás y que, sin embargo, le ayudaron a buscar la lápida. Muy pronto, su hermana Vivienne acudió en su ayuda y, abrazados, guardaron silencio y lágrimas ante la loza blanca.

Durante el resto del día, el candidato del PAC no volvió a salirse de su agenda. Visitó canales de televisión, escuelas y provincias. Hizo un recorrido por el Instituto de Alajuela, siempre seguido por su fiel cimarrona. Más tarde, fue recibido por un centenar de seguidores en la Escuela Rafael Moya Murillo, en las cercanías del estadio florense. Tocó base en Radio Monumental, donde lo aguardaba la última entrevista del día, y de ahí salió de prisa hacia Desamparados, pues aún lo esperaban en la Escuela Joaquín García Monge.

Solís cerró su jornada en un centro educativo colapsado por los votantes o por los indecisos que a última hora se arrimaron a hacer molote. Como el resto del país, el candidato del PAC despejará sus dudas, a las 8 de la noche tras el primer corte del Tribunal Supremo de Elecciones (TSE).