Tetramundiales

Alemania 1 - Argentina 0

Gol: Mario Gotze (113”)

Llegó a Brasil como titular de la Selección de Alemania y más temprano que tarde cumplió con pena de banca dictada por Joachim Loew. El joven Mario Gotze, de 22 años, entró de cambio casi en el filo del tiempo reglamentario, al minuto 88. Nadie lo sabía entonces, pero el destino le guardaba algo que ya no es sólo suyo sino de un país entero.

Como hacen sólo los grandes, Argentina jugó su mejor partido del Mundial. Se guardaron su mejor fútbol para el encuentro más importante de la Copa, un lujo que se pueden dar muy pocos equipos del Planeta. Lionel Messi reapareció, con todo el peso de su país y de los focos de la atención mundial a sus espaldas.

No es raro que vomite en cada partido de alta tensión, lo raro es que la prensa se pregunte por qué le sucede. Cada pelota que llegaba a sus pies levantaba a los alemanes de sus asientos, y a Hummels.

La albiceleste tuvo menos balón pero fue la dueña de los gritos de gol. El Pipita Higuaín cargó con la más clara: aquella pelota envenenada que devolvió -según él- a la retaguardia alemana, pero que recibió en bandeja de plata. Gonzalo decidió no encarar a Neuer, el portero que nunca se despeina, y la pegó -ojalá- con la espinillera, hacia la zona de los fotógrafos. Messi tuvo la suya también, y Palacio -cambio fijo de Higuaín- en los tiempos extra.


Por su lado, los alemanes que ahora celebran su tetracampeonato no vivieron un paseo de campo. El equipo carburador del fútbol, la aplanadora del medio campo, se topó con un su rival de finales. Una albiceleste que se fue agrandando conforme pasaban las fechas del Mundial.

Argentina, el equipo que no convenció en fase de grupos, y que no mostraba el potencial goleador esperado, se le paró con una defensa de granito. Mascherano, Biglia y los suyos redujeron al mínimo el taladro de Muller, Ozil y sus apoyos una línea atrás, Schweinsteiger, Kroos y Schurrle (que sustituyó al noqueado Kramer).


Fue un partido parejo pero Argentina falló más. Y aunque no se trata de una ciencia exacta, es casi un axioma matemático eso de “si no lo hacés vos, lo hago yo”. Terminaban los 90 reglamentarios y Howedes estrelló un cabezazo el paral izquierdo. Una profecía.

Los tiempos extra fueron alemanes. Avanzaba el reloj y el tetris del Mundial se acomodaba. El mejor equipo de Brasil 2014 inclinaba la cancha a su favor (17 goles a su haber) ). Los argentinos, que venían de menos a más en estos 32 días (7 goles a favor, uno de ellos autogol de Bosnia Herzegovina), tampoco se entregaban. Tenían a Messi entre su líneas, algo de lo que los alemanes nunca perdieron conciencia.

Pero ahí va Schurrle encarrerado por la banda izquierda, ahí le pone un balón Mario Gotze que -como en la fantasía universal de la infancia- para de pecho en el área como si la recibiera con guantes de seda y remata de seguido, cruzado y con violencia, al espacio imposible del portero contrario, de Sergio Romero. Un golazo histórico. Un golazo de final de campeonato mundial. Un golazo que le devuelve, 24 años después, la Copa del Mundo a la Selección de Alemania