Gobierno, Ejército y grupos religiosos se unen en programa militar para adolescentes en Honduras

"Señoritas con coraje, decididas a triunfar: ¡Panteraaasss!", grita una treintena de adolescentes alineadas en la plaza de un batallón hondureño, donde reciben formación para alejarse de las pandillas en un programa criticado por organismos de derechos humanos como "militarista".

"Guerreras", "Cobras", "Leonas", "Halcones", "Tigres", se escuchan gritos en coro. Cada grupo se identifica con un nombre que recuerda el de algún comando élite del ejército de Honduras o de otros países centroamericanos.

En total hay en este cuartel 152 jóvenes, hombres y mujeres, la mayoría entre los 14 y 18 años, que participan en el programa "Guardianes de la Patria", patrocinado por el ejército, el gobierno y grupos religiosos.

La escena tiene lugar en el Comando de Apoyo Logístico (CALFFAA), en el suroeste de Tegucigalpa, pero el programa se ha extendido a todos los batallones hondureños.

La meta es "capacitar" a 25.000 niños y adolescentes desde los 10 años, en estos cursos, que se impartirán cada tres meses hasta hacer un total anual de 100.000.

Con ello se busca inculcarles valores y alejarlos de las "maras" o "pandillas" que han sumido a este país en una vorágine de violencia.

La delincuencia juvenil es una de las causas principales del triste récord que ostenta Honduras como el país con la tasa de homicidios más alta del mundo, 79 por cada 100.000 habitantes, según el Observatorio de la Violencia de la Universidad Nacional.

Y las Fuerzas Armadas y el presidente Juan Orlando Hérnadez, quien tiene formación militar, piensan que el programa puede ayudar a prevenir que los jóvenes ingresen a organizaciones criminales.

"Este proyecto nació en el corazón de Dios; es una gran obra", afirma Alejandro Rivera, miembro del grupo evangélico Hombres Cristianos de Negocios, mientras dirige a los jóvenes en oración.

Los muchachos están alineados en la plaza de cemento rodeada por barracas y camiones militares, muy cerca de un cañón en desuso de 105 mm, símbolo de la unidad militar.

"Este día vamos a hacer las cosas bien: vamos a tener una sesión espiritual, luego charlas de educación sexual; el almuerzo y después vendremos con más charlas de educación sexual y educación en valores", explicó el coronel Elvin Corea, comandante del CALFAAA.

En las primeras horas de la mañana, Corea salió con su vehículo al frente de seis camiones verde olivo, con ocho soldados cada uno, hacia Mary Flake de Flores, José Angel Ulloa y Nueva Danlí y otros barrios calientes y polvorientos del oeste de Tegucigalpa, tomados por pandilleros.

Ahí esperaban los jóvenes en los bordillos de las aceras, listos para acudir a la capacitación.

En el batallón, sentados en sillas de lata y tubos de hierro, escucharon durante la mañana las charlas de motivadores religiosos.

Luego del almuerzo, llegaron especialistas del ministerio de Salud para impartir charlas sobre prevención de embarazos y educación sexual, formación del carácter, coraje y liderazgo.

"Ninguno de ellos se va a quedar" como soldado, "simplemente se les está dando un servicio para su vida", aseguró Corea.

"A mí me gustaría quedarme", afirma a la AFP Génesis Sánchez, de 16 años, mientras disfrutaba de un refresco después del oficio religioso.

Para otros, el ejército no es una opción: "a mí no me gustaría quedarme; me gusta venir porque nos inculcan valores", expresa la mayor del grupo y ya madre soltera, Bitia Medina, de 21 años.