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Artista lleva sonrisas por medio del arte a niños indígenas y de zonas rurales

"​Lleva una Escuelita en tu Corazón" lo inició Martha Otalvaro. Actualmente son ocho personas las que conforman esta iniciativa 

Hace más de 13 años Martha Rosa Otalvaro tenía su vida hecha en Costa Rica, sin embargo, la salud en estado crítico de su madre la hizo regresar momentáneamente a su país de origen, Colombia, y comenzar de cero. Para poder cuidarla aceptó trabajos como profesora de matemática, contabilidad y estadística en colegios de día y en universidades de noche. El desgastante ritmo de trabajo y el no dormir pronto le pasó factura, sufrió un preinfarto y debido a esto su médico le aconsejó hacer alguna actividad que le ayudara a relajarse. La pintura fue su terapia.

Fue así como nació su amor por el arte y que la llevó desde hace seis años compartir el arte, las sonrisas y la esperanza con niños de la Zona Norte, territorios Cabécar e Islas del golfo de Nicoya.

Su preinfarto motivó a sus hijos a pedirle que no trabajara más, pero su espíritu enérgico le impidió quedarse sin hacer nada. Fue entonces cuando surgió su iniciativa "Lleva Una Escuelita en tu Corazón".

Otalvaro llevaba un tiempo dedicándose de lleno a la pintura, fue en ese momento en el que se le ocurrió enseñar pintura y dibujo a niños de zonas rurales.

"Todo empezó en un galerón y este año ya pude dar clases en 15 escuelas, este año atendimos a más de 600 niños", comentó la creadora de "Lleva una Escuelita en tu Corazón".

Al iniciar estaba sola con sus pinceles, pinturas y papel. Recuerda con nostalgia que la primera vez en que pudo impartir sus clases de pintura en un centro educativo fue en la escuela San Pablo en Turrialba, gracias a que la Junta de Padres la recomendó.

En la actualidad, su equipo lo conforman ocho voluntarios: dos estilistas, cuatro auxiliares de pintura y dos personas encargadas de la logística de cada visita.

Otalvaro encontró necesidad en los lugares que vistaba, por lo que su trabajo se ha transformado en brigadas sociales, en las que aparte de las clases, lleva refrigerio a los participantes, les corta el cabello. También a partir de donaciones da ropa, juguetes, zapatos, así como suplementos escolares.

"Lo más duro que nos ha tocado vivir fue cuando llegamos a la escuela a de Nimariñac. El profesor de la escuela me llevó a la cocina, me preguntó que si habíamos comido. Nosotros habíamos salido desde la una de la madrugada, me dijo que no tenían nada por que el MEP no les había girado dinero, no tenían nada, ni siquiera para ofrecerle a los niños, casi me despedazo a llorar, muchos niños van a estas escuelas por que no tienen nada de comer en sus casas... yo llevaba un queque y refrescos para darles un refrigerio y con eso ellos desayunaron, es doloroso, ese día nosotros no desayunamos, pero nos llenó ver sus rostros felices en la clase y lo contentos que estaban con la ayuda que le llevamos", relató Otalvaro.

A la artista le emociona recordar que tiene exalumnos que la van a visitar cuando se enteran que ella estará de vuelta. Ellos llegan para ofrecerse a ayudar.

Otalvaro vive de las clases de pintura que brinda en su casa, con la ayuda de los colaboradores y donaciones que le hacen amigos que conocen la causa. Su sueño es que algún día pueda convertir esta iniciativa en una fundación, para que su proyecto continúe.