Bangkok abre un museo de la corrupción

Iniciativa​Con esta exposición, los organizaciones esperan que el pueblo tailandés no olvide a sus ladrones de cuello blanco

Bangkok ha abierto un Museo sobre la corrupción en Tailandia con estatuas en tamaño real de funcionarios condenados en casos recientes, esculturas de bolsas llenas de dinero en metálico o cuadros de corruptos entre rejas.

"Tailandia es un país con una cultura del clientelismo... Varias generaciones se han enfrentado ya a la corrupción y la gente está acostumbrada", explica Mana Nimitmongkol de la Organización de Lucha contra la Corrupción, que concibió la muestra.

Los tailandeses guardan una relación compleja con esta lacra que gangrena la política, el sistema judicial y el mundo de los negocios del reino que ocupa el puesto 85º en la lista de 175 países elaborada por Transparencia Internacional sobre la percepción de la corrupción.

"Queríamos crear este museo para contar a los tramposos que las cosas que han hecho son malas. Quedarán grabados en la historia de Tailandia y el pueblo tailandés nunca podrá olvidar ni perdonarlos", agrega.

Las esculturas y estatuas se refieren a casos concretos de la historia tailandesa. En medio de una habitación, el busto de un hombre tragando decenas de pilares de construcción lleva por título "La deliciosa comida de comisarías de policía".

Hace algunos años se gastaron $160 millones en la construcción de cerca de 400 comisarías de policía que nunca vieron la luz. La investigación señaló a Suthep Thaugsuban, viceprimer ministro en el momento en el que se licitó el contrato.

Thaugsuban fue uno de los protagonistas de la sublevación del año pasado contra el gobierno de Yingluck Shinawatra, quien también está personificado en el museo detrás de un saco de arroz.

Sus oponentes políticos lo acusan de corrupción por la puesta en marcha de un sistema de subvenciones para los productores de arroz que le ha costado un proceso judicial. Según los opositores, este sistema, que pagaba a los agricultores el doble de lo que el mercado les daba por sus cosechas, estaba plagado de corrupción y costó a la Hacienda tailandesa miles de millones de dólares en pérdidas y subsidios inflados.

El asunto comportó la creación de un movimiento ciudadano que llevó al derrocamiento de Yingluck el año pasado por el ejército.