Cataluña cierra una tensa campaña electoral con vistas a la independencia

EleccionesLos independentistas son favoritos para las elecciones del domingo

Cataluña se acerca a su hora decisiva con el cierre este viernes de la campaña de las elecciones regionales del domingo, en las que los independentistas esperan conseguir una amplia victoria para poner la primera piedra para separarse de España.

Sobre el papel, son sólo unas elecciones regionales para renovar el parlamento de esta región de 7,5 millones de habitantes, pero en las dos semanas de campaña, líderes nacionales desembarcaron en Cataluña, empezando por el jefe de gobierno conservador Mariano Rajoy.

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En un vídeo este viernes, Rajoy pide en catalán a los catalanes votar contra los independentistas "Perquè units guanyem (porque unidos ganamos)", mientras su número dos, Soraya Saénz de Santamaría, asegura, también en catalán, "yo quiero a Cataluña y quiero a los catalanes".

El presidente regional, el independentista Artur Mas, pretende convertir los comicios en un plebiscito a favor o en contra de constituir una nueva República Catalana en 2017, elevando el tenso pulso mantenido con Madrid desde hace tres años.

Tras un siglo de desencuentros más o menos intensos con Madrid por la lengua –reprimida durante la dictadura de Francisco Franco (1939-1975)– y la fiscalidad, la paciencia de muchos catalanes se colmó durante la crisis económica.

Furiosos por la invalidación parcial en 2010 por el Tribunal Constitucional de un estatuto regional que aumentaba su autogobierno, los nacionalistas pidieron en vano desde 2012 un referéndum de autodeterminación.

Ante el rechazo del gobierno de Rajoy, organizaron uno simbólico, sin reconocimiento oficial, pero en el que lograron 1,9 millones de votos a favor de la independencia, de un total de 2,3 millones de participantes.

Ahora buscan una mayoría de escaños en el parlamento regional (68 sobre 135), para lanzar un proceso de secesión, aunque no tengan la mayoría de los sufragios en las urnas.

Inquietud económica

Las empresas y las finanzas se inquietan por las consecuencias en la economía española, que tras una dura crisis empieza a avanzar a velocidad de crucero, con un crecimiento previsto del 3,3% en 2015.

Sin Cataluña, el país perdería un 25 por ciento de sus exportaciones, un 19 por ciento de su PIB, 16 por ciento de su población, su principal puerta a Europa y su región más turística.

Los ministros oficialistas advierten: una secesión implicaría la salida de la Unión Europea, una tasa de desempleo del 37% y una caída de las pensiones del 44%. Si no quieren negociar la secesión, no asumiremos nuestra parte de la deuda española, responden los independentistas.

"Ahora que la crisis ha terminado y estamos bien, me da miedo perder esta estabilidad", se inquietaba Israel Alarcón, un trabajador farmacéutico de 42 años en L'Hospitalet de Llobregat, ciudad dormitorio de Barcelona.

Los independentistas de la coalición "Junts pel Sí" (Juntos por el Sí), con conservadores, progresistas y asociaciones civiles, apelan a la ilusión de un nuevo Estado "más próspero, más justo y más limpio".

"Votaré Junts pel Sí para el futuro de mis hijos, para empezar de cero y limpiar el país", decía Ignasi Martínez, de 37 años.

Los últimos sondeos apuntan a una mayoría parlamentaria de los independentistas, que rozarían el 50 por ciento de sufragios, pero según José Pablo Ferrándiz, del instituto demoscópico Metroscopia, solo un 20 o 25 por ciento de los catalanes son realmente independentistas.

Muchos quieren lanzar una "bala de fogueo", que "le permitirá tener una mejor posición para negociar" más autonomía, dice.

La clave la tendrá el gobierno formado tras las elecciones legislativas de diciembre, donde Rajoy podría perder el poder. Mientras, el resto de españoles se preocupan poco por Cataluña, centrados en problemas como el desempleo superior al 22 por ciento.